El momento histórico de Romney

Ruben Navarrette

En la Convención Nacional Demócrata, observé un botón de solapa con la foto del presidente Obama y las palabras: “Mantengan el Sueño Vivo”.

Pensé, qué frase tan rara. ¿Acaso hay alguien que esté tratando realmente de terminar con “el Sueño”, en forma tal que éste necesita protección?

¿Es Mitt Romney un asesino de “sueños”? ¿Lo son sus seguidores?

Por supuesto que no. Pero ¿qué tal la idea de extender el sueño a más personas? ¿Está, este juego de hacer historia, limitado sólo a algunos grupos de estadounidenses o todos pueden jugar? Y si todos pueden jugar, ¿qué pasa si el pionero pertenece a un partido opositor, una minoría que no se considera a menudo como ofendida, o ambas cosas?

¿Qué si hubiera un candidato presidencial que tuviera la oportunidad de quebrar barreras y se convirtiera en el primero de su clase en ocupar la Oficina Oval? ¿Qué si quebrar esa barrera fuera especialmente importante porque el candidato formaba parte de una comunidad que ha conocido el prejuicio, la intolerancia y la discriminación en Estados Unidos por más de un siglo? ¿Qué si quebrar esa barrera tuviera el potencial de empoderar a millones de estadounidenses y mejorar este país al tomar medidas para cumplir con la promesa de la igualdad de oportunidades? ¿Y qué si a la izquierda o bien no se da cuenta o bien no le importa?

Durante una aparición en “The Tonight Show”, Ann Romney comparó la elección de su esposo, Mitt, con la elección de Barack Obama hace cuatro años. Cuando el locutor del programa, Jay Leno, le preguntó cuál sería la importancia de quebrar otra barrera y elegir al primer presidente mormón, ella dijo que mostraría “que se están dejando atrás los prejuicios”.

Es cierto lo que dice Ann Romney. En 2012, al parecer, los prejuicios que tiene mucha gente contra los mormones aún están bien arraigados. La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, que representa lo que se estima en un 2 por ciento de la población estadounidense, es aún un misterio para muchos estadounidenses. Me imagino que muchos estadounidenses no abrigan ninguna animosidad personal hacia los mormones. Pero muchos de nosotros tenemos preguntas y no contamos con muchos amigos mormones que puedan contestarlas.

En una época se hubiera pensado que el hecho de que un mormón procurase una candidatura presidencial era un momento pedagógico para el país. Pero no ha funcionado así.

Yo no he leído nada sobre esto en los medios principales -sobre el hecho de que elegir a Mitt Romney como presidente sirva a los ideales del país, tanto como sirviera elegir al primer afroamericano hace cuatro años.

No estamos hablando de si Romney será un buen presidente -o, para el caso, si Obama lo ha sido. Se trata de algo diferente. Se trata de quebrar barreras, y de cuán embriagante es esa idea para algunos, entre ellos, muchos de nosotros en los medios. Recuerden la agitación cuando Sonia Sotomayor asumió su cargo en 2009 como primera jueza latina en la Corte Suprema.

Si siguieron la cobertura mediática de la victoriosa campaña de Obama en 2008, es justo decir que, para muchos estadounidenses, el hecho de que el candidato representara una desviación de la norma se consideró como una ventaja.

Pero no ha ocurrido lo mismo con Romney. ¿Cuándo fue la última vez que oyeron que un republicano dijera que estaba entusiasmado por ayudar a elegir al primer presidente mormón?

Una explicación de este descuido es que la campaña Romney-Ryan parece estar minimizando la religión de Romney. ¿Y por qué? ¿Podría ser, acaso, porque algunos estrategas de la campaña del Partido Republicano decidieron que lo negativo sobrepasaba a lo positivo? Uno de los grupos más escépticos acerca de los mormones es el de los cristianos evangélicos, que componen un importante electorado del Partido Republicano.

Piensen a dónde hemos llegado. A una bonanza de la diversidad. Los estadounidenses están a punto de escoger entre reelegir a un presidente afroamericano y elegir al primer presidente mormón. Si usted es uno de aquellos a quienes les importa la diversidad y la expansión de las oportunidades -y si le gusta cuando Estados Unidos experimenta el “primer” tal cosa y el “primer” tal otra- es un buen momento el que estamos viviendo. Disfrutémoslo.

© 2012, The Washington Post Writers Group