Romney y los proyectiles en Cuba

Hace 50 años casi hubo una guerra nuclear entre los Estados Unidos y la Unión Soviética. Moscú había instalado proyectiles en Cuba y la armada soviética marchaba hacia la isla. El presidente Kennedy insistió que la llegada de esas naves constituiría un acto bélico y que los Estados Unidos respondería con un ataque contra la Unión Soviética, seguramente iniciando un intercambio nuclear.

Los soviéticos se rindieron, los proyectiles fueron retirados de Cuba, y los barcos se dieron marcha atrás. Evitamos un holocausto gracias a la valiosa firmeza de Kennedy.

Supongo que cuando Mitt Romney le critica a Obama por querer hablar con el régimen en Irán o buscar una solución diplomática en Siria, está pensando en Kennedy durante esos doce días.

Pero hay un pequeño problema con esa versión de la crisis cubana: es incorrecta. Sí habían proyectiles nucleares. Naves soviéticas marchaban hacia Cuba. El presidente Kennedy emitió su amenaza.

Pero lo que resolvió la crisis no fue la firmeza de Kennedy contra la debilidad de la Unión Soviética. Lo que la resolvió fue una negociación entre las dos superpotencias que estaba ocurriendo en secreto. El producto de esa negociación fue un acuerdo en que Moscú prometió retirar los proyectiles si los EE.UU. desmantelara sus proyectiles nucleares en Turquía.

Ambos lados ganaron algo pero cedieron algo. La raza humana sobrevivió.

Es cierto que los Estados Unidos es capaz de destruir el programa nuclear iraní, y de armar a la resistencia y asesinar a los lideres en Siria. Son esas capacidades que mataron a Saddam Hussein, expulsaron al Talibán, y asesinaron a Osama Bin Laden.

Pero háganse una pregunta: ¿Hemos resuelto los problemas en Irak, Afganistán y el Medio Oriente en general?

Claro que no. Esas soluciones requieren esfuerzos mucho mas allá de lo que propone Romney. Y van a requerir la diplomacia y no simplemente la fuerza bruta. El aniversario de esos doce días hace 50 años nos obliga a reconocer esa verdad.