Un sueño que resulta amargo

Cuando uno se rompe la cabeza tratando de tomar una decisión difícil, hace una lista de los puntos a favor y en contra.

Imaginen estar en esa situación siendo uno de los 1,4 millones de estudiantes indocumentados quienes -por ser parte de una maniobra electoral para ayudar al gobierno de Obama a suavizar su relación con los latinos- se encuentran habilitados para recibir una postergación de la deportación y visas de trabajo temporales, bajo un programa denominado Acción Diferida para los que Llegaron de Niños (DACA, por sus siglas en inglés).

Puntos a favor: Si uno resulta aprobado, no tiene que preocuparse de que lo deporten durante dos años y puede obtener un trabajo, si alguien lo contrata.

Puntos en contra: No establece un camino para una categoría legal permanente, y menos aún para la ciudadanía. En muchos estados, no puede utilizarse la visa DACA para obtener lo que muchos inmigrantes ilegales realmente quieren: la licencia de conducir. También se corre el riesgo de la deportación, pues debe solicitarse la visa en el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE, por sus siglas en inglés), el mismo organismo gubernamental que ya ha deportado a más de 1,5 millones de personas durante el primer período de Obama. Además, se pone en peligro a todos los miembros indocumentados de la familia, puesto que entre la información personal que hay que entregar a ICE se encuentra el domicilio.

Mientras antes ICE no estaba enterado de la existencia de uno, ahora siempre será parte de la vida de uno pues cuenta con su expediente, sus huellas dactilares y el resto de la información personal. Los puntos en contra ganan.

La secretaria de Seguridad del Territorio, Janet Napolitano, que supervisa ICE, dijo recientemente que dicho organismo obtiene más de 3.000 solicitudes diarias. Esa cifra debería ser mucho mayor, dado el tamaño del potencial grupo de solicitantes.

Hasta ahora, sólo unas 180.000 personas han solicitado la visa. Deben cumplir con los requisitos -ser menores de 31 años, haber llegado antes de los 16 años, haber vivido en Estados Unidos por lo menos cinco años continuos, no tener antecedentes penales, y haberse graduado de la escuela secundaria, ser estudiante universitario o veterano de las fuerzas armadas. Sólo se han aprobado unas 4.500 solicitudes; unas 2.000 fueron rechazadas o enviadas de vuelta por incompletas.

Esas cifras son insignificantes. De hecho, la gran mayoría de los que están habilitados para solicitar el programa aún no lo ha hecho. ¿Por qué no?

Los defensores de Obama, con ayuda de los medios, insisten en que ha sido por culpa de Mitt Romney. En una entrevista, el mes pasado, con The Denver Post, el candidato republicano dijo que, si resulta electo, todo el que haya recibido una DACA debe esperar que se respete el acuerdo y que “la visa continuará teniendo vigencia”. Pero, al día siguiente, la campaña de Romney presentó un agregado -no se concederán nuevas visas.

Romney también expresó al periódico que confiaba en que, para cuando las visas de dos años se vencieran, él ya tendría vigente “un plan completo de reforma migratoria”. A partir de esos comentarios, se puede inferir que Romney tiene la intención, como parte de su plan, de incluir un camino a una categoría legal para estudiantes indocumentados.

No se le puede echar la culpa a Romney de que los estudiantes indocumentados muestren recelo con respecto a DACA. El republicano hizo sus comentarios en octubre, pero los abogados de inmigración han observado renuencia a solicitar la visa por parte de individuos habilitados, desde que se lanzara el programa en agosto. Según me informan -en los dos primeros meses- la gente llamaba a sus oficinas, hacía preguntas, les agradecía y colgaba. Para cuando Romney estableció su posición, ya podía verse que el número de solicitantes de DACA era bajo.

Debemos echar la culpa de ello al gobierno de Obama, el que -en el asunto de la inmigración- fue deshonesto y actuó de mala fe. Un ejemplo es el programa Comunidades Seguras, que requiere que la policía local y estatal dé una mano a los agentes de inmigración entregando a las autoridades federales las huellas dactilares de aquellos que arrestan, incluso por infracciones menores, pero sospechan que son ilegales.

Silenciosa pero eficazmente, Obama declaró la guerra contra los inmigrantes ilegales en este país con el propósito de reducir sus filas. Funcionó. Pero también creó un clima de cautela, escepticismo y temor. Y ahora la confianza no abunda.

Notas del traductor:

(1) DREAM en el original: Siglas en inglés de Development, Relief and Education for Alien Minors Act, es decir “Ley para el desarrollo, la asistencia y educación de menores extranjeros”. “Dream” además significa “sueño” en inglés.

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