Danilo Medina, la elocuencia del silencio

La comparecencia pública del expresidente Leonel Fernández, para conceptualizar sobre el significado de lo que todos llamamos “déficit fiscal”, solo ha servido para deslindar los campos en relación con la figura del presidente actual, Danilo Medina.

A partir de la alocución de Fernández y casi de manera unánime, “observadores” nacionales han construido una atrevida hipótesis sobre el carácter y la reciedumbre del hombre que ocupa la presidencia del país en la actualidad.

Como de costumbre, algunos han sido inclementes, principalmente los opositores; otros extraordinariamente ladinos, opositores a fin de cuentas y una buena parte de ellos han resultado más que inclementes y ladinos, se comportan de manera desparpajada e irresponsable y desde luego, aspiran a ser opositores también.

Lo primero que cuestionan es el silencio de Danilo. Se olvidan que el perro siempre le ha ladrado a la Luna y que ella jamás le ha respondido; y no es porque sea un simple perro quien demanda atención sino, porque ella tiene que seguir siendo la Luna.

Lo que menos tiene la Luna es tiempo para divagar, explicar, discutir, exponer o conceptualizar, como a muchos les gustaría.

La misión del presidente, ayer, hoy y mañana, será la de resolver. El empleo del primer mandatario del país que le concedió la mayoría en las urnas aquel 20 de mayo, fue para que “garantice el funcionamiento de la nación y produzca los grandes cambios que todos esperamos”.

Si Danilo hace su trabajo hoy, mañana no tendrá que explicar.

Los “opinadores” dominicanos critican, además de los silencios del presidente, su forma de administrar el tiempo en esta melodía que habremos de escuchar durante cuatro años.

La música que Danilo está tocando, es un ritmo nuevo. De su propia autoría y muy bien concebida.