El legado oriental en México

Guía de Regalos

El legado oriental en México
Integrantes de la familia Chiu-Trujillo quienes fueron expulsados de México en 1940 y retornaron veinte años más tarde.
Foto: AP

MEXICO — Juan Chiu Trujillo tenía 5 años cuando salió de su natal México para visitar la casa de su padre en el sur de China. Cuando regresó tenía 35.

Mientras Chiu vacacionaba con sus padres, su hermano y dos hermanas en la provincia de Cantón, México ingresó en una etapa de xenofobia avivada por el desastre económico de la Gran Depresión y dirigida contra su pequeña y relativamente próspera minoría china. Autoridades respaldadas por turbas acorralaron a los chinos, los presionaron a que vendieran sus negocios los llevaban a la frontera y los obligaban a cruzar a Estados Unidos.

Sin posibilidades de regresar a su casa, hotel y restaurante en la ciudad sureña de Tapachula, la familia Chiu se quedó en China para comenzar una nueva vida.

El padre de Chiu entró a trabajar en la panadería de su hermano y sus hijos comenzaron a aprender chino. Pero su vida fue trastocada nuevamente cuando los japoneses invadieron China, el país padeció la Segunda Guerra Mundial y luego sufrió una guerra civil que ganaron las fuerzas comunistas, las cuales persiguieron a las personas religiosas. En 1941 la familia huyó a Macao, entonces una colonia portuguesa.

Nunca dejaron de soñar con México, y Juan Chiu Trujillo regresó en noviembre de 1960. Volvió con su esposa embarazada, cuatro hijos y otros 300 chino-mexicanos después de que el presidente Adolfo López Mateos, en un intento por mejorar la imagen de México en el mundo, les pagó los gastos del viaje y decretó que se les permitiera vivir legalmente en el país latinoamericano. Al paso del tiempo recibieron la ciudadanía.

Varias decenas de esos chino-mexicanos y sus descendientes decidieron reunirse ayer en un restaurante chino en la Ciudad de México para celebrar por primera vez el aniversario de su regreso, compartir recuerdos y hacerle un homenaje al finado López Mateos, representado por su hija.

Para muchos, la conmemoración abrió una pausa de reflexión sobre su condición de chino-mexicanos. Es una comunidad que se siente hondamente mexicana pero que también ha sido marcada por la persecución a mano de sus compatriotas y todavía padece prejuicios étnicos, pese a que es cada vez más aceptada.

“Yo pensé: ‘mis hijos necesitan saber la historia, necesitan saber de dónde venimos, necesitan saber que nos ha costado mucho trabajo estar aquí”, explicó un hijo de Chiu, Ignacio Chiu Chan, un abogado de 46 años.

Chiu Chan, que está casado con una mexicana de ascendencia española e indígena y tiene cuatro hijos, afirmó que pasó apuros con su identidad mientras crecía debido al hostigamiento y que tuvo liarse a golpes varias veces por los insultos.

Luego de trabajar en la tienda de víveres de su hermano en el estado oriental de Veracruz, junto al Golfo de México, decidió mudarse a la capital del país, donde laboró como cocinero hasta que abrió su propia cafetería.

Chiu afirmó que siempre se sintió más mexicano que chino.

“En donde estás tranquilo hallas tu hogar; así siempre pensé yo”, afirmó.