Rebeldes sin causa

Política

Después de una derrota humillante en las elecciones presidenciales, la directriz republicana en el Congreso quiere acertar golpes bajos a la Administración Obama.

En la Cámara Baja están unidos por la ceguedad y la terquedad política que no les deja apreciar los problemas que causaría al país si es que no se llega a aprobar el presupuesto de próximo año. El programa económico de Barack Obama tiene algunos desaciertos, pero está encaminado a romper los problemas de su antecesor.

Una propuesta de más impuestos al dos por ciento de los más ricos no es nada diabólico. Es una política congruente y razonable.

El ex presidente George W. Bush concedió regalías infames a los más poderosos del universo económico. Los réditos logrados a través de inversiones en el mercado bursátil de Wall Street tienen tasas bajísimas de impuestos. Pagan menos del 15%.

Ricachones como Bill Gates or Donald Trunk, etc. etc., no perciben salarios mensuales. Sus salarios paradójicamente son como los de una persona que devenga el salario mínimo. Es decir ganan menos de 10 dólares por hora. Sus ganancias multimillonarias provienen de los “shares” en las corredurías de Wall Street.

Todo el dinero que amasan sólo es gravado en forma mínima por el fisco (menos de 15%). El Estado pierde billones de dinero en recaudación de fondos de estos millonarios.

En el Senado sucede casi lo propio. A pesar de que los republicanos son minoría y no tienen el número apropiado de bloquear el presupuesto del próximo año, la directriz comandada por el senador John McCain tiene la vista fijada en bloquear la nominación de Susan Rice como Secretaria de Estado después del “retiro” de Hillary Clinton.

Al McCain se unieron Linsay Graham y Kelly Ayotte, quienes tienen la tarea de convencer a sus colegas conservadores que Rice no fue transparente en su informe con relación al atentado terrorista de Benghazi, Libia, donde perecieron diplomáticos norteamericanos.

Más allá de los desaciertos de Rice en dicha tragedia, McCain y sus compañeras quieren utilizarla como carnada para darle un golpe certero al presidente Obama. Aunque no fue oficialmente nominada a tomar el puesto de Hillary Clinton, Rice tiene todos los pergaminos para lidiar a los Estados Unidos como la máxima autoridad de la Secretaría de Estado.

En los próximos días se avecinan decisiones importantes. Los representantes en la Cámara Baja del Congreso tienen que poner sus agendas a un lado. El presupuesto del Estado es sumamente importante para que pretendan imponer su terquedad ideológica y promuevan una crisis económica.

Los senadores republicanos, por su parte, tienen que entender que su relación con la primera magistratura de los Estados Unidos es más importante que tratar de darle un golpe bajo con el presumible bloqueo de Susan Rice.

La politiquería en el Congreso tiene que terminar. Los votantes se alzaron y reeligieron al Presidente por otros cuatro años. Tienen que dejarlo gobernar.