Jornaleras trabajan en zonas golpeadas por Sandy (Fotos)

Acuden diariamente a la parada Bay Parkway y, rodeadas de unos 60 jornaleros, esperan su turno para ser contratadas
Jornaleras trabajan en zonas golpeadas por Sandy (Fotos)
Jornaleras de la parada de Williamsburg, Brooklyn, colaboraron en brigadas de limpieza gratuita post Sandy, en varios negocios y hogares de Coney Island.
Foto: Zaira Cortes / EDLP

Nueva York — “¿Por qué hay tantas mujeres aquí?”, susurró con desdén un jornalero, mientras un consultor de la Administración de Seguridad y Salud Ocupacional (OSHA), explicaba a unos 50 trabajadores los riesgos de laborar en zonas devastadas por Sandy.

Yadira Sánchez, organizadora de Bay Parkway Community Job Center, volteó discretamente y con voz firme ofreció una respuesta que pocos esperaban: “Porque las mujeres también tienen la capacidad para trabajar en la construcción“.

Entre las féminas que atendían el taller, en un centro comunitario de Coney Island, se encontraba la mexicana Reina Vega, de 33 años, quien se gana la vida en el sector de la demolición desde hace un par de meses.

La mujer, que podría parecer tímida y frágil a primera vista, acude diariamente a la parada Bay Parkway y rodeada de unos 60 jornaleros, espera su turno para ser contratada.

Antes de entrenarse en la demolición de paredes y techos con martillo en mano, Vega se ganaba el sustento limpiando casas. Su ocupado oficio no le impidió acompañar a su esposo, Victorino Hernández, a las reuniones por los derechos de los trabajadores en Bay Parkway Community Job Center, mejor conocido en el vecindario como “La Casita”.

“Mi esposo es jornalero hace siete años”, comentó Reina con orgullo. “Es el mismo tiempo que llevamos casados”.

“La Casita”, que era centro de reunión de unos 400 jornaleros, fue arrastrada por la súper tormenta, lo que obligó a los trabajadores a dispersarse. Ante la demanda de mano de obra, Vega decidió probar suerte como trabajadora de la construcción.

“Algunos contratistas me miran y dudan si soy lo suficientemente buena para hacer el trabajo”, apuntó Vega. “Abundan prejuicios acerca de si una mujer puede o debe dedicarse a un oficio que se cree reservado para hombres”.

Demostrando ser dueña de sí misma, Vega (que recibe entre $120 y $150 por ocho horas de trabajo) se ganó la confianza y aceptación de los jornaleros de Bay Parkway.

“Me pagan lo mismo que a mis compañeros y eso es una batalla ganada para una mujer con poca experiencia”, agregó. “Sin el respaldo y la confianza de mi esposo, no habría llegado tan lejos”.

Pese al cansancio luego de una dura jornada, Vega acude puntualmente a un programa para mujeres emprendedoras en El Barrio, pues considera que la educación es muy valiosa.

Yadira Sánchez, activista desde 2008 en la parada de Bay Parkway, enfatizó que Reina Vega podría ser la primera trabajadora de la construcción en años que acude diariamente al sitio en busca de trabajo.

“Contratistas buscan jornaleras para la limpieza de departamentos, pero ellas no esperan en la parada, son contactadas por teléfono”, apuntó Sánchez. “Es más común que empleadores soliciten mujeres para limpiar, que para la demolición o la construcción”, agregó.

La organizadora apuntó que el “machismo” y los prejuicios podrían ser los muros más difíciles de derribar para las trabajadoras de la construcción.

“Cada vez más latinas se unen al sector y crece la necesidad de educar a los trabajadores respecto a la igualdad de género”.

Roberto Meneses, jornalero y activista por más de dos décadas en la parada de Woodside, Queens, destacó que las féminas de la industria encaran serios desafíos.

“Por cultura se vincula a la mujer con la debilidad, es un prejuicio que no debe alentarse ni perpetuarse”, opinó.