Discriminación: Rival de Clemente dentro y fuera de los campos

Aislado en Pittsburgh, se hizo un hombre del pueblo donde quiera que fuera
Discriminación: Rival de Clemente dentro y fuera de los campos
Vera Zabala Clemente aún recuerda un momento de discriminación vivido junto a su esposo cuando querían comprar muebles en una tienda de Manhattan.
Foto: AP

NUEVA YORK — Roberto Clemente trascendió más allá del béisbol.

No fue el primer pelotero hispano en jugar en Grandes Ligas, pero sí el beisbolista que dejó un inmenso legado —dentro y fuera del campo de juego—, algo que nadie ha podido igualar, menos superar.

Sin embargo, su experiencia en la ‘Gran Carpa’ no fue fácil. A pesar de que Jackie Robinson rompió con la barrera del color en las Grandes Ligas en 1947, la discriminación racial continuaba siendo común en Estados Unidos cuando Clemente debutó en 1955 con los Piratas de Pittsburgh, equipo para el que jugó las 18 temporadas de su carrera.

El menor de los siete hijos de don Melchor Clemente y doña Luisa Walker, Roberto fue objeto de doble discriminación: por ser hispano y por su tez oscura.

David Maraniss, editor asociado del diario Washington Post y autor de varios libros, incluyendo “Clemente: The Passion and Grace of Baseball’s Last Hero” (Clemente: La pasión y el carisma del último héroe del béisbol), publicado en 1996, relata cómo fue humillado no sólo por su equipo sino por los periodistas.

“Clemente no fue el primer pelotero latino en las Grandes Ligas, pero fue el primero en ser exaltado en el Salón de la Fama, y formó parte de una primera oleada de hispanos. Ahora ellos conforman más de la tercera parte de los jugadores de Grandes Ligas”, dijo Maraniss.

El primer beisbolista nacido en la ‘Isla del Encanto’ que jugó en las Mayores fue el pitcher Hiram Bithorn, que debutó el 15 de abril de 1942 con los Cachorros de Chicago. Le siguió los pasos Luis Olmo, quien se estrenó en la ‘Gran Carpa’ el 23 de julio de 1943 por los Dodgers de Brooklyn.

“Cuando Clemente llegó a las Mayores en 1955, a lo mucho había uno o dos (hispanos) en un equipo, y ellos eran tratados como algo novedoso”, agregó Maraniss, laureado en 1993 con el famoso Premio Pulitzer por su cobertura periodística de la campaña presidencial del entonces candidato Bill Clinton el año previo.

En la biografía de Clemente, Maraniss narra la forma discriminatoria en que era tratado el pelotero nativo de Carolina, Puerto Rico, acciones típicas de la segregación racial.

“Los escritores deportivos en Pittsburgh no hablaban español y citaban a Clemente en un inglés mal hablado, algo que lo enfurecía”, abundó Maraniss. “Si él decía ‘hit’, ellos escribían ‘heet’. El estereotipo de los peloteros hispanos los pintaba como arrogantes o perezosos”.

Orgulloso de sus raíces, Roberto Clemente decidió hacer frente a esas críticas.

“Clemente se erizaba con esas descripciones, y se propuso disiparlas. Esto agravó su relación con los periodistas deportivos y otros que perpetuaban los estereotipos”, continuó el escritor.

El hecho de que Clemente pasó toda su carrera en Pittsburgh, la llamada “ciudad de acero”, que era predominantemente habitada por blancos era un reto para el beisbolista boricua, “y aunque empezaba a florecer la comunidad afroamericana, la comunidad latina era nula”.

“Clemente tenía que construir sus propias conexiones y estar en casa fuera de casa”, indicó Maraniss. “Lo consiguió haciéndose amigo de gente simple: repartidores del correo, vendedores en el estadio, niños, ancianos, pobres. A donde fuera, él era un hombre del pueblo”.

Doña Vera Clemente –quien se casó con el jardinero derecho en noviembre de 1965– indicó que dado que había pasado algunos años desde el debut de su esposo en Grandes Ligas, Roberto no le comentaba muchas situaciones de discriminación.

“Nos conocimos a fines de 1964; nos casamos en 1965, cuando él ya tenía su fama. El me contaba a veces de las historias que había pasado”, indicó doña Vera en entrevista telefónica.

Pero sí compartió una situación de que fueron objeto en una famosa tienda en Manhattan, a la que habían ido con la idea de comprar algunos “muebles estilo francés, finísimos, que a él le encantaban”.

Se encontraban en Nueva York antes de partir a unas vacaciones por Europa cuando decidieron comprar muebles.

El plan de Celemnte era comprar los muebles y ordenar que los embarcaran a Puerto Rico para que, a su regreso, estuvieran en su casa, recordó su viuda.

“Entramos a la tienda y como oyeron que estábamos hablando español parece que pensaron que no teníamos dinero para comprar en esa tienda”, recordó antes de reírse.

Y narró que como les oyeron hablando español, los enviaron a ver otros muebles, no los que les interesaba. “Entonces (Roberto) le dijo la persona que nos guiaba ‘pero éstos son los que estamos buscando’ y le dijo la marca y todo de los muebles finos que eran y los tenían pero parece que pensaron que no teníamos dinero para comprar”, continuó entre risas.

“Cuando se dieron cuenta de quién era, porque alguien lo reconoció cuando paramos en uno de los pisos y le dijo ‘Roberto, ¿cómo está?’, y empezó a saludarlo, como que cambiaron rápido las atenciones y él dijo ‘vámonos, que aquí no vamos a comprar nada’. Y nos fuimos”, dijo.

“Son experiencias que pasan, pero todo fue cambiando a través de los años y en todas partes del mundo”, expresó doña Vera, poniendo como ejemplo el hecho de que a tres semanas de la trágica muerte de su esposo, “en Mannheim, Alemania, inauguraron un parque de béisbol con su nombre”.

Resulta que Roberto Clemente, que estaba dirigiendo al equipo de Puerto Rico en un torneo en Nicaragua, se hizo buen amigo del manager del equipo alemán, que incluso ese mes de diciembre visitó la isla.

“Y se convirtieron en buenos amigos, se apreciaban muchísimo”, destacó. “Cuando regresa a su país y se entera de lo que pasó, el señor lo lloró y dijo ‘este parque se va a inaugurar con el nombre de Roberto Clemente’ y lo inauguraron en Mannheim menos de un mes después de su muerte”.

Ese es uno de tantos homenajes póstumos a la memoria de su esposo en el mundo entero.

“Si Clemente estuviera vivo hoy estaría orgulloso del papel desempeñado por los latinos en las Grandes Ligas, un poco decepcionado de que ha disminuido el béisbol en su natal Puerto Rico. Pero empujando tan fuerte como pudiera para lograr una mayor representación de hispanos en cargos directivos”, consideró Maraniss.

“Jugó y vivió con una furia apasionada, exigiendo excelencia y justicia”, finalizó el periodista y escritor estadounidense