Sin avergonzar a los votantes

Hay que resaltar lo positivo en 2012 sin acusarlos de no participar

Latinos

Gabriel R. Sánchez señala en un ensayo del 15 de enero publicado por Latino Decisions que el electorado latino del 2012 llegó a un momento crucial.

Tres cuartos de los 12 millones y más hispanos que votaron, lo hicieron a favor del Presidente Obama. Ellos comprendían un 10% del electorado a nivel nacional.

Ahora viene lo problemático. Sánchez concluyó que la participación fue “muy baja” porque unos 2.5 millones de latinos registrados no salieron a votar.

Su queja es la misma queja manida que se ha oído durante más de medio siglo. (En realidad, se ha repetido tantas veces que debería calificar como una mentira al estilo Mitt Romney).

La fuerte participación latina del 2012 desafió toda proyección. Los latinos se convirtieron en el 10% de todos los votantes a nivel nacional después de haber sido sólo el 6% en el 2000. Su potencial incluye a otros 8.6 millones de latinos calificados para registrarse (con 18 años o más que son ciudadanos de los Estados Unidos), pero quienes todavía no están registrados para votar.

Sánchez dice que hay casi igual número de votantes latinos en potencia (11.1 millones) como hay votantes latinos (12.2 millones).

Su queja —popular entre los comentaristas durante medio siglo— es que “aun no hemos visto que los latinos cumplan por completo su potencial con el voto”.

Como la teoría del pendejo, la del cangrejo y la metáfora del Gigante Dormido, las acusaciones de bajo rendimiento se aplican para quitarle mérito al logro, refiriéndose a un potencial estimado. La familia de viejas panaceas sirve para quitarle mérito a la verdadera situación y deshonrar el logro. Se caracteriza mal a los latinos, como comunidad, por no alcanzar un hito presumido, mostrando bajo rendimiento y, como consecuencia, vergonzosamente no alcanzar su potencial.

No importa que habla de por sí solo el logro del 2012.

Un análisis mucho más razonable podría observar “nuevos campos que cultivar” o dirigirse a “una labor inacabada” para demostrar cómo la política pública puede ayudar a mejorar el registro de votantes latinos la próxima vez.

Entre las medidas del pasado que marcaron una diferencia estan la Ley de Derechos del Votante, enmendada en el 1975, y la ley Motor Voter Act de 1993.

O consideremos el potencial de la nueva propuesta para registrar a adolescentes en California, tan jóvenes como de 15 años. De manera que quienes soliciten el permiso de conductor aprendiz también les den un registro de votante aprendiz, que se actualizaría cuando cumplan los 18 años de edad. ¿Y si esta propuesta arrasara con la velocidad de un virus por los demás estados?

Para dejar los hechos en claro, el U.S. Hispanic Leadership Institute ofrece unos cuadros a largo plazo que indican que a pesar de un declive de 626,000 en el registro de votantes latinos desde el 2008, cuando hizo Obama campaña por primera vez, al año electoral 2010. Fue la primera vez que se vio un declive en el registro de votantes latinos desde 1974. No obstante, salieron a votar 1.1 millones de latinos más en el 2010 que los que hubieran salido en el año 2006, el previo año electoral que tampoco fue presidencial.

Entonces, ¿cuál es el problema de Latino Decisions, cuya investigación y cuyo análisis fueron extraordinarios entrando a los comicios del 2012? Esperemos que no salgan así todas las interpretaciones después de las elecciones.

Sánchez (no hay que reírse) después argumenta que ya que una campaña, partido político u organización se comunicó con sólo el 31% de votantes latinos para que se registran o votaran en el 2012, se hizo caso omiso a más del 50% del electorado latino, en estados como Texas, California, Nueva York, e Illinois y que no vive en estados electoralmente decisivos. Por ende, no fueron determinantes en términos del resultado del voto para presidente. Él argumenta que las movilizaciones son las que aumentan los índices de participación de votantes.

Correcto, sí los aumentan. Pero antes de contemplar la algarada y se caigan del cielorraso los banderines, existe un elemento más importante, que es la protección de los derechos, el cumplir con la responsabilidad cívica y el despliegue de las motivaciones correctas. Sánchez se equivoca de problema, dándole al cansado lugar común de la vergüenza, jugando a ser gerente de campaña política nacional.

En vez de ir por ese rumbo, la dirección correcta va por las innovaciones como el permiso de aprendiz conductor y votante, y no por el camino de las calumnias y la vergüenza.