El cambio de Jeb Bush

En una entrevista en el Today Show de la cadena NBC, el ex gobernador de Florida, Jeb Bush, dijo que es prematuro declarar si aspirará o no a la nominación presidencial republicana en 2016. Pero parece que no es prematuro comenzar a meter la pata en cómo manejar el complejo tema migratorio dentro del Partido Republicano..

Bush, quien presentó este martes su libro irónicamente titulado Immigration Wars, desató una guerra de reacciones al declarar que la vía a la ciudadanía que el mismo Bush ha defendido previamente, no tiene que formar parte de la reforma migratoria que el Congreso.

Incluso, reportes de prensa señalan que en el libro Bush formula el mismo argumento que se aparta radicalmente de su postura previa de defender la vía a la ciudadanía.

En un fragmento del libro citado por la publicación Huffington Post, Bush y el coautor, el abogado Clint Bolick, escriben que “es absolutamente vital para la integridad de nuestro sistema migratorio que las acciones tengan consecuencias y en este caso, que quienes violaron nuestras leyes puedan permanecer aquí pero no obtener los preciados frutos de nuestra ciudadanía”.

Apenas el año pasado, en la elección presidencial de 2012 en la que el republicano, Mitt Romney, logró obtener un penoso 27% del voto latino tras promover la autodeportación como su plataforma migratoria, Bush se expresó a favor de una reforma con una vía a la ciudadanía.

Ahora, cuando figuras republicanas como los senadores John McCain y Lindsey Graham, han vuelto al redil y abogan por la vía a la ciudadanía, y cuando hasta el senador republicano de Florida, Marco Rubio, ha defendido algún tipo de vía a la ciudadanía, Bush se coloca a la derecha de estas figuras, y a la derecha de su propio hermano, el ex presidente George W. Bush, quien impulsó, sin éxito, una reforma migratoria amplia.

La declaración de Bush lo coloca en la misma columna de figuras republicanas de la Cámara Baja que favorecen una legalización sin vía a la ciudadanía. O más bien una ciudadanía de segunda clase, con trabajadores que ofrecen mano de obra barata pero nunca pueden aspirar a los derechos que ofrece la ciudadanía, incluyendo votar.

Parece que a Bush tampoco le parece prematuro comenzar, desde ya, a inclinarse a la derecha para apelar a la misma base ultraconservadora que tanto “éxito” le representó a Romney en 2012. No le parece prematuro recurrir a la cansada estrategia que ha lanzado al Partido Republicano al abismo demográfico que ha impedido ampliar su base para ser políticamente viables en elecciones generales.

Diversos sondeos coinciden en que la reforma migratoria con una vía a la ciudadanía es favorecida. Un nuevo sondeo de la firma encuestadora republicana John McLaughlin y Asociados, encontró que 66% de los republicanos apoyan una reforma migratoria con una vía a la ciudadanía.

El gobernador Bush lo entiende. El ha reiterado que su partido tiene que cambiar de estrategia para recuperar el voto latino. Y por eso sorprende que sea el gobernador Bush quien ahora hable de no conceder una vía a la ciudadanía a los indocumentados; postura que limita la capacidad de su partido de apelar al voto latino, y que cierra la posibilidad de que de aquí a varios años, muchos de esos indocumentados sean votantes por los cuales competir.

Si se trata de una estrategia para que Rubio, otro potencial aspirante a la nominación republicana en 2016, parezca más moderado, o si se trata de un lapsus del ex gobernador, sería recomendable que lo aclare prontamente.

Sus últimas “aclaraciones” sólo han sido más confusas.

De lo contrario, el giro a la derecha de una de las últimas esperanzas del Partido Republicano en atraer a los votantes latinos, supone un doloroso déjà vu de la maltrecha estrategia electoral republicana de 2012 que amenaza con condenar este partido a la irrelevancia en elecciones generales y en sus esfuerzos de recuperar la Casa Blanca.

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