Boston y la culpabilidad del islam

Tamerlan Tsarnaev, de 26 años, izq., y su hermano Dzhokhar, 19, fueron señalados como los autores del ataque en Boston.
Tamerlan Tsarnaev, de 26 años, izq., y su hermano Dzhokhar, 19, fueron señalados como los autores del ataque en Boston.
Foto: ap

No se lo que pasó en Boston, ni lo que pensaban esos dos jóvenes que supuestamente plantaron las bombas. Pero sí sé que estamos debatiendo, una vez más, el rol de la religión —y del islam en particular— en el fenómeno del terrorismo domestico.

Sospecho que es un debate preocupante para los líderes musulmanes en los EE.UU., porque es fácil encontrar dentro de la gran religión musulmana corrientes que parecen justificar la violencia y el terror. Ojo: Es igualmente fácil encontrar esas corrientes dentro del cristianismo y el judaísmo.

Es cierto que la religión organizada se define por la creencia a unos principios filosóficos que pretenden explicar cómo fuimos creado, por qué estamos en este mundo, y qué nos espera en el mundo que viene.

Nos gustaría suponer que estos principios sólo hablan de la paz, pero la historia contiene momentos incontables en que han justificado la violencia. El islam contribuye a la guerra tal como el cristianismo impulsó a las Cruzadas.

Pero nos extraviamos si buscamos dentro del Corán una explicación para la violencia en Boston. Indudablemente, la encontraremos.

En la sociedad moderna de los EE.UU., lo que importa es ese otro elemento fundamental de la religión organizada, la que crea una comunidad, un espacio social que enfatiza las conexiones que tenemos con otros, la que nos recuerda que somos más que individuos.

Es en ese sentido que hay una diferencia entre un musulmán que es parte integral de una comunidad más amplia, y un joven aislado y alienado buscando como darle a su ira y frustración mayor significado. Esa misma diferencia separa a un joven cristiano que quiere ser parte de una iglesia más grande, y a uno que busca una justificación teológica para el asesinato de doctores que practican abortos.

Es imperativo entender esa diferencia. Así sabremos cómo protegernos de mas violencia. Y así evitaremos la sospecha y el odio —elementos que ya impregnan el debate actual— que solamente generan más violencia.