Imperio del mercado negro

Comercios cariocas hacen su negocio en una economía fuera de control
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RÍO DE JANEIRO (NTX).— El futbol es un negocio, sobre todo para aquéllos que no están directamente implicados, aún para quienes seguramente nunca han calzado unos botines; sin embargo, son los que logran las mayores ganancias, como los revendedores que nada tienen que envidiar a los de México, aún cuando esos son expertos en la materia.

Al igual que en la “Gran Tenochtitlán”, la reventa está prohibida; sin embargo, las autoridades tampoco hacen mucho para evitarla, sobre todo a la salida de la estación del metro Maracaná, donde se pueden encontrar a la mayoría de los “amos del mercado negro”.

Las ganancias son jugosas, y el regateo aún más, inclusive hasta empellones, eso sí, amistosos, cero violencia; pero sin dar margen de perdida, ya que a todo se trata de ganarle.

El idioma no importa, español, italiano, “portuñol” o hasta “italo-porto-portuñol”, al final lo que importa es el lenguaje del dinero, que es el que da el mayor entendimiento.

La situación es clara, si tienes con qué pagar se empieza la negociación, si no, el revendedor ni siquiera se “digna” a ver al demandante, quien debe invertir al menos 100 reales más (poco menos de 50 dólares) para adquirir un boleto.

Contrario a lo que sucede en los alrededores del Estadio Azteca o el Azul, ambos en la Ciudad de México, aquí la gente que tiene sus casas cerca de este mítico inmueble no le sacan tajada a esta pasión, ya que ellos no pueden cobrar por permitir a alguien estacionarse.

Solo en algunas zonas es posible hacerlo, por un pago de un dólar aproximadamente, lo cual funciona en forma de parquímetro. Todo cambia, si es que el equipo que va al campo es la gloriosa “canarinha”.