Una cuestión socio-económica

Sigue a El Diario NY en Facebook
Una cuestión socio-económica
Las migraciones de México a los Estados Unidos siempre han existido.
Foto: Archivo

Burbujas

Hemos venido hablando tantas veces, y por tanto tiempo, de la necesidad de una reforma migratoria en los Estados Unidos sin llegar a soluciones prácticas. Hemos convertido la migración en un problema político en lugar de verlo como un fenómeno socio económico.

Las migraciones no son nada nuevo en la historia. Las causas varían desde huir de la violencia racial, física, política o económica, hasta alejarse de la pobreza y el hambre. Los migrantes salen de sus países a lugares donde creen que las condiciones de vida les serán más favorables. Esto significa irse a naciones de nivel de vida superior y también mudarse de regiones pobres a otras que parecen no serlo, como la huida del campo a la ciudad.

Frecuentemente confundimos estas migraciones con la de los “refugiados” que huyen de situaciones violentas (dictaduras, guerras civiles, persecuciones religiosas, etc). Son fenómenos parecidos, pero su origen es distinto.

En toda migración hay más sueños e ilusiones que realidades, porque el ir a vivir a otras tierras, demanda sacrificar tradiciones y costumbres para enfrentarse a la posibilidad de ser explotado y discriminado en un medio que es extraño. Para colmo, existe el rechazo de migrantes que llegaron antes de ellos, aunque su origen sea el mismo.

Lo que les permite sobrevivir a los inmigrantes es encontrar a otros que estén en condiciones similares con quienes puedan compartir temores y frustraciones, además de encontrar apoyo para conservar parte de sus tradiciones, entre ellas, su música y su comida.

Las migraciones de México a los Estados Unidos siempre han existido, pero tenían otro carácter; casi todos los que venían, volvían a México. La nostalgia por todo eso que es el diario vivir en la patria, y entre los suyos, los hacia regresar. Se venía a este lado en busca de seguridad, escasa como ahora, excepto que era en lapsos cortos, por los constantes cambios políticos. Se venía para poder volver con dignidad.

No había presión demográfica. La población total de México en 1940 era de menos de 20 millones de personas, había pobreza, pero hambre no. ¡Esa es la gran diferencia!

Ahora la población pasa de los 110 millones, y de ser reales nuestras estimaciones, hay más de 10 millones de indocumentados mexicanos en este país, junto con dos millones de centroamericanos y medio millón de otros países.

La economía de México se ha desarrollado, pero no a la velocidad del crecimiento demográfico. Esto es muy marcado en el campo educativo y la población crece en condiciones inferiores que las de las generaciones anteriores, que ya de por si eran económicamente limitadas. Esto explica la huida del campo a las ciudades y la migración hacia los Estados Unidos.

En tiempo, esto coincide más o menos con el “boom” económico de California, Nuevo Mexico, Arizona, y Texas, donde la escasez de mano de obra se convertía en un problema serio. La abolición de la esclavitud contribuyó a este fenómeno.

Para la penetración del ferrocarril, se trajeron chinos a la construcción de las vías. Para todo lo demás, especialmente para la agricultura, a mexicanos que estaban dispuestos a trabajar todos los días agachados sobre el surco, bajo el pesado sol californiano, y a menor costo.

Esta situación forzó, en el siglo pasado, la firma del programa de “braceros” con México, que trajo a miles de campesinos a trabajar a este país, abriéndole los ojos de lo que se podía ganar aquí, que era mucho más de lo que ellos podían soñar. Al mismo tiempo, nuestro costo era menor de lo que se hubiera tenido que pagar por trabajadores no importados. Este programa expiró dejando una huella de deshonestidades en las liquidaciones que aun hoy no han sido finiquitadas, pero dejando abierto el apetito de los trabajadores mexicanos por las oportunidades de trabajo en este país.

Además, nuestra promoción del “sueño americano” es una invitación a venir a vivir en este país pero al restringir la admisión controlada, provocamos que personas deshonestas, en ambos lados de la frontera, encontraran un gran negocio: contrabandear trabajadores.

Esto funcionaba muy bien aunque los trabajadores fueran en ocasiones explotados, pero había muchos empleos porque la economía estaba en auge y nuestros trabajadores hacían de todo siempre dispuestos e ingeniosos. Esto se complicó cuando la economía se contrajo y hubo un gran desempleo, agravándose más porque muchos inmigrados habían formado familias con hijos nacidos aquí, convirtiendo así el problema migratorio en un problema humano y político de difícil solución.

Para cualquier programa que el congreso apruebe, van a tener que registrase todos los indocumentados y no lo harán en tanto no se les asegure que no serán deportados al hacerlo. ¡Nadie sale de la clandestinidad para que lo deporten !

Para reducir la inmigración en el futuro, habrá que apoyar las inversiones en México y Centroamérica que contribuyan a la generación de empleos. No podremos eliminar la inmigración de esos países pero si controlarla, regularla y condicionarla, fijando plazos y reglas para poder trabajar aquí.