Estados Unidos: El gran faro de la libertad

El 4 de julio de 1776, el día de la firma de la Declaración de Independencia, fue un día glorioso en la historia de nuestro país. Para poder apreciar por qué nuestra independencia de la corona británica no es sólo motivo digno de celebración sino también una causa digna de ser defendida, debemos recordar aquello por lo que nuestros padres fundadores lucharon y murieron.

La lucha de nuestro país por la independencia no fue sencilla. Nos superaban claramente en número y carecíamos de un ejército organizado, además de que otros países veían nuestra causa con escepticismo. En un momento de la historia en el que los reinos y las monarquías eran la norma, la idea de que los gobiernos deben derivar sus legítimos poderes del consentimiento de los gobernados era ciertamente revolucionaria. En pocas palabras, la creencia predominante era que la humanidad no se podía autogobernar.

Y sin embargo, miles y miles de colonos americanos se unieron para luchar por la independencia, a pesar de las dificultades aparentemente insalvables. ¿Qué llevó a tantos a luchar, sabiendo que fácilmente podrían perecer frente a la mayor potencia naval del momento?

Quizá una de las respuestas más reveladoras a esta pregunta fue la que dio el capitán Levi Preston, un veterano de la Guerra Revolucionaria, décadas después de la lucha por la independencia. La motivación del capitán Preston para luchar fue, “Lo que queríamos dejar sentado al luchar contra esos casacas rojas era esto: Siempre nos habíamos autogobernado y ésa fue siempre nuestra intención. La intención de los casacas rojas indicaba que no deberíamos hacerlo”.

Por supuesto, concitar la voluntad de luchar es una cosa, pero estar de acuerdo en resistir cuando la situación se vuelve desoladora es algo muy distinto. Y no obstante, eso es precisamente lo que hizo cada soldado que participó en la Guerra Revolucionaria cuando se enfrentaron a los elementos, todo por la causa de la independencia y la libertad.

Y en una de las más excepcionales expresiones de fe ciega y valentía, George Washington dirigió una expedición a través de las agitadas y gélidas aguas del río Delaware para capturar y acabar con cerca de 1,000 soldados procedentes de Hesse en la batalla de.

Esta escena quedaba Trenton muy lejos del calor y la humedad del Salón de Asambleas de Filadelfia, en el que nuestros Padres Fundadores se reunieron por primera vez para firmar la Declaración de Independencia en ese cuarto día del mes de julio de 1776. Celebramos éste y no otros días también decisivos en la lucha de nuestro país por la independencia, aunque aquellos no sean menos relevantes.

Las ideas encarnadas en la Declaración de Independencia son dignas de ser celebradas y defendidas, especialmente hoy en día. Estamos siendo testigos de cómo a nuestro alrededor se está produciendo una insidiosa injerencia en nuestras libertades por parte de un gobierno federal cada vez más invasivo y de mayor alcance que encima nos promete la luna.

En este Cuatro de Julio, hagamos una pausa en el camino y reflexionemos sobre el aniversario de la independencia de nuestro país así como sobre la lucha que hizo falta para lograr esa independencia. Y recordemos que la fundación de nuestro país está en el seno de lo que hace excepcional, enraizada en el triunfo de la libertad sobre la tiranía.