Anthony Weiner, lo personal y lo público

Anthony Weiner, lo personal y lo público
Anthony Weiner se encuentra estos días en el ojo del huracán.
Foto: ap

Pocos en Nueva York ignoran los delitos de Anthony Weiner, y pocos piensan que el excongresista pueda ganar la alcaldía después de las últimas revelaciones de su mal comportamiento después de que tuvo que retirarse del Congreso.

Pero los que expresan asombro en el caso Weiner —los que dicen que están mortificados por la audacia de alguien que quiere ser el próximo alcalde y que también comparte fotografías de su anatomía— son como los ricos que se quejan del tráfico en los Hamptons.

Hay tráfico porque todos los ricos quieren estar en los Hamptons.

Y sin escándalos como el de Anthony Weiner, los que crean los titulares para el Daily News y el New York Post estarían sin trabajo. El congresista Peter King no podría saborear la oportunidad de decir que un demócrata tiene una incapacidad psicológica que lo descalifica como político. Y los medios nuevos —¿quién había oído del sitio The Dirty hace dos semanas?— no tendrían como atraer nuevos lectores.

Todos preferimos líderes políticos de muy alta calidad, personas inteligentes y honestas, y con la capacidad de manejar una ciudad grande y complicada. Pero pocos queremos que Nueva York sea una ciudad aburrida, sin color, sin los escándalos que solamente podrían ocurrir en esta ciudad.

Por lo tanto, los escándalos de Weiner, Elliot Spitzer, David Patterson y Vito Fosella, nos obliga a enfrentar la interrogante: ¿cuándo es que importa el comportamiento personal de nuestros líderes públicos?

Hay casos en que la respuesta es obvia. Si es comportamiento criminal, lo mejor sería que el individuo se abstuviese de la política. Si es un padre con una relación complicada con sus adolescentes, es un asunto personal.

¿Dónde queda la frontera entre estos dos extremos? Cada votante tiene que decidir por su cuenta. Pero tiene que ser una decisión intelectualmente honesta, porque es una cuestión que importa mucho más que el tráfico en los Hamptons.