Cuba, el Presidente y el Congreso

Por años hemos lamentado la incapacidad del Congreso en Washington de tomar decisiones. Para los que nos preocupamos de asuntos internacionales, el estribillo siempre ha sido: menos mal que el Congreso tiene un rol restringido en la política internacional. Aunque el Congreso determina el presupuesto del Pentágono, es el Presidente quien maneja las relaciones con Rusia, el conflicto con Irán, el enfrentamiento estratégico con China, y las negociaciones entre Israel y los árabes.

Con una excepci��n importante –Cuba.

Durante las cinco décadas del bloqueo, lo que comenzó bajo el mandato de Kennedy como órdenes ejecutivas del presidente se han convertido en leyes establecidos por actos del Congreso.

Esto ha endurecido el bloqueo, en dos sentidos. El sentido obvio es que las restricciones impuestas por leyes pasadas en el 1992, 1996 y más recientemente fueron más severas que las ordenes ejecutivas que existían hasta ese momento.

Pero hay otro sentido quizás más importante. Con estas leyes, el que determina las relaciones entre Washington y La Habana ya no es la Casa Blanca; es el Congreso. Para levantar el bloqueo, Cuba tendría que negociar con el Congreso y no con el Presidente.

Esto es un desastre. Negociar la apertura inevitable entre Cuba y los EE.UU. requerirá una diplomacia muy delicada. El Congreso en Washington es incapaz de tal delicadeza.

¿Quién acudiría a una cumbre? ¿Raúl Castro y los cuatro líderes del Congreso, uno de cada cámara y de cada partido, representando cuatrocientos noventa y seis legisladores, cada uno con un voto?

Un acercamiento entre los EE.UU. y Cuba es la mejor forma de apoyar a la democracia y prosperidad en la isla. Sería una tragedia si un acercamiento queda estancado simplemente porque el bloqueo es ley en vez de orden ejecutiva.

Para evitar esa tragedia, hay que revocar a las leyes que imponen el bloque y, si hay que aplacar al bloque anti-Castro, reemplazarlas con órdenes ejecutivas. Es necesario restaurar la autoridad presidencial para negociar la apertura que viene.