Los valores familiares son la reforma migratoria

El país espera por la acción de la Cámara de Representantes. Cuando los congresistas regresen a Washington en septiembre, la Cámara Baja debe actuar rápidamente sobre un proyecto de ley integral de inmigración. Y, mientras que este debate crítico se calienta, hay que recordar que esta lucha es por nuestras familias. Por encima de todo, la reforma debería dar prioridad a una vía rápida a la ciudadanía que mantenga unidas a las familias.

Piense en la historia de Irania Sánchez, de 44 años de edad, madre de dos hijos que ha vivido en Bushwick, Brooklyn desde 1991. Irania huyó de la guerra en Nicaragua a finales de los años ’80. Quiso reunir a su familia, por lo que emigró junto a sus dos hermanos menores para estar con su madre, quien había emigrado a los Estados Unidos años atrás huyendo de la violencia doméstica.

Irania pudo legalizar su estatus migratorio, pero sus hermanos no tuvieron tanta suerte. Uno de sus hermanos falleció con una orden de deportación pendiente, mientras que su otro hermano todavía enfrenta una potencial deportación. Por si esto fuera poco, su primo Pablo fue deportado a Nicaragua y separado de sus cuatro hijos.

Irania es como muchos neoyorquinos: por años, Irania trabajaba en el sistema de metro de la ciudad para mantener a sus dos hijos. Ella asiste a la Iglesia católica local. Y hace quince años, se unió a Se Hace Camino Nueva York (Make the Road NY), una organización que lucha por los derechos de los inmigrantes.

Sin embargo, no hay ninguna forma en nuestras leyes vigentes para que los familiares de Irania puedan salir de las sombras y obtener documentos de residencia. Por lo tanto, la familia de Irania sigue plagada de incertidumbre y miedo.

Tenemos que arreglar este sistema roto de inmediato para preservar familias como la de Irania, independientemente de su estatus migratorio. La clave para lograrlo está en ofrecer a los inmigrantes indocumentados una vía rápida a la ciudadanía, dando prioridad a los vínculos familiares de visado a futuro, y ofreciendo repatriación a deportados que son soñadores o que tienen cónyuges o hijos en los Estados Unidos.

Ahora que el Senado pasó la reforma, algunos de la derecha argumentan que el camino a la ciudadanía debe ser más largo y arduo. También argumentan que debemos reducir el número de visas basadas en la familia. Esta postura fría es una ofensa a inmigrantes como Irania, que se han esforzado en este país y que valora su familia encima de todo.

A fin y al cabo, la reforma migratoria tiene que ver con los valores de la familia, sobre la cual todos los miembros del Congreso, tanto republicanos como demócratas, deben ser capaces de unirse. Las familias son la base de nuestras comunidades, y una reforma migratoria debe protegerlas, no separarlas.

En las últimas décadas, los límites de visado se han mantenido fijos, y no se han adaptado a la necesidad de mano de obra inmigrante en determinados sectores. Mientras tanto, la seguridad fronteriza ha endurecido, y muchos trabajadores inmigrantes que anteriormente volvían a sus hogares durante la temporada baja ya no viajan por el riesgo de no poder volver.

Aproximadamente once millones de inmigrantes indocumentados que ahora residen en este país, inclusive miles de familias de estatus mixto como Irania, cuyos miembros no quieren tener nada más que la certeza de poder criar a sus hijos, contribuir a sus comunidades, y contribuir a nuestra economía con su trabajo y sus impuestos.

La historia de Irania hace el imperativo moral claro: la familia debe ser la pieza central de nuestra reforma migratoria. Así la reforma debe priorizar un camino rápido a la ciudadanía, con un sistema de visas basadas en la familia, y la oportunidad de volver a los deportados con sus familiares en los Estados Unidos.

La familia de Irania no puede esperar más. El momento para este tipo de reforma sensata es ahora.