Los demócratas apuestan con el futuro de los inmigrantes

En julio de 2006, me encontraba en santuario en mi iglesia de Chicago. El Senado presento una propuesta de reforma migratoria que no logro su aprobación por no contar con los votos suficientes. Pedí a los compañeros de nuestra organización de familias ir a Washington para exigir al liderazgo demócrata en la Cámara de Representantes que aceptara un proyecto de ley que legalizara a todos pero sin un camino a la ciudadanía.

Nancy Pelosi estuvo de acuerdo de que tal solución para nuestro problema era posible, pero los demócratas jamás dieron seguimiento al asunto, optaron por una estrategia de culpar a los republicanos por el fracaso de la reforma migratoria y así cosechar una victoria en las elecciones. Los demócratas, con nuestro voto latino, ganaron la victoria en las elecciones presidenciales y legislativas de 2008.

Hoy en día hacemos frente a una situación parecida. Otra vez los demócratas han establecido una “línea roja”, esta vez sobre el camino de 13 años para alcanzar la ciudadanía. Queda claro que con los republicanos en control de la Cámara de Representantes, esta meta no puede lograrse. No creo que existan diez indocumentados que prefieren ser deportados si podrían conseguir la legalización pero no la ciudadanía al fin de una espera de 13 años. Pregúntenle a los 1,400 que son deportados todos los días.

Además, en el proyecto de ley aprobada por el Senado, los demócratas concedieron cosas que para nosotros son importantes si vamos a tener éxito en su plan de lograr la ciudadanía después de 13 años. Abandonaron la idea de darles a los deportados el derecho de regresar y estar con sus familias, con la excepción de los que más recientemente fueron deportados. Abandonaron la visa de diversidad que era prácticamente la única manera en que muchos africanos y haitianos pueden emigrar a los Estados Unidos. Cedieron el derecho de personas de pedir visas para sus hermanos y hermanas.

La Casa Blanca y los demócratas en el Congreso acordaron conceder todas estas cosas y más. Por encima de todo acordaron duplicar la seguridad en la frontera sin provisiones para garantizar la seguridad de los migrantes.

Lo más probable es que los demócratas pretenden utilizar su línea roja para culpar a los republicanos por el fracaso de la legislación y así ganarse el voto latino en las elecciones legislativas de 2014.

En un proyecto de ley bipartidista, sin una provisión uniforme para ciudadanía para todos, podemos remover algunas de los aspectos negativos que fueron incluidas en el proyecto de ley del Senado.

Lo que sí es importante es que inmediatamente presionemos el presidente republicano de la Cámara de Representantes, John Boehner, para que no implemente la “regla Hastert” para bloquear la legislación. Siempre y cuando Boehner no lo obstaculice, existen los votos para aprobar un proyecto de ley bipartidista.

También debemos seguir presionando simultáneamente al presidente para que expanda el uso de su poder ejecutivo. Ya hemos ganado algunas cosas, y podemos ganar más. Tenemos que informar a los demócratas que si no logran aprobar una reforma migratoria en el Congreso, vamos a presionar al presidente y su gabinete hasta el último día en su administración.

Creo que la gente que participa en la Campaña pro Ciudadanía goza de buenas intenciones. Aun así, los que abogan por estas cosas deben representar los intereses de los más afectados, en lugar de apegarse a la línea de su partido en las batallas partidistas.

Nuestras familias desean tener el derecho de trabajar legalmente, de participar en los sindicatos obreros y tener plenos derechos laborales, de mantener unidas a las familias, y de unir de nuevo a las familias separadas por la deportación. Queremos tener el derecho del uso de los productos de nuestra labor. Más que nada, queremos poder criar a nuestros 6 millones de niños en nuestros hogares, sin importar si son ciudadanos o soñadores.

Nosotros no optamos por la deportación. No vamos a dibujar ninguna línea roja partidista. Queremos que se abra un camino para nuestras familias que supera la parálisis del partidismo.