Madres que luchan desde la academia

Mujeres inmigrantes que aspiran a un título universitario: sus mayores obstáculos y motivaciones
Madres que luchan desde la academia
Jennifer Maldonado comienza este otoño sus estudios de política pública en Mills College Foto Erika Cebreros/El Mensajero

SAN FRANCISCO.— Tras cuatro años llenos de esfuerzo y sacrificio, Lourdes Alarcón se graduará de la Universidad Estatal de San Francisco (SFSU por sus siglas en inglés) a finales de 2013. Esta inmigrante, originaria de Bolivia, es catalogada por los expertos en educación superior como una “estudiante no tradicional”. En otras palabras, no es una joven que entró a la universidad en cuanto se graduó del bachillerato (high school). Lourdes pasa de los 30 años y tiene dos hijos, un niño de 7 años y una niña de 5.

Después de perder su trabajo como asistente de directora en una escuela primaria de la ciudad de San Francisco en 2008, se le dificultó encontrar otro empleo “con un salario decente. Mis opciones eran entrar a la universidad o aceptar cualquier trabajo. Y preferí estudiar para poder salir adelante y ofrecerles un mejor futuro a mis hijos. Mi ilusión siempre ha sido ser maestra y ayudar a niños de mi comunidad”, dijo Alarcón.

Los universitarios “no tradicionales”, en particular las madres como Alarcón, tienen que derribar muchas barreras para alcanzar su sueño de convertirse en profesionales. La primera traba para esta madre fue el cuidado de niños. La guardería dentro de SFSU no era una opción porque había muchas familias en la lista de espera.

“Las universidades están diseñadas para personas jóvenes sin hijos, es por eso que muchas veces el apoyo hacia los padres de familia no es el adecuado”, expresó Alarcón.

Encontrar cuidado infantil de calidad y a un precio razonable es un problema común en Estados Unidos, especialmente para las familias de bajos ingresos. Muchas madres universitarias tienen la esperanza de que en las escuelas donde van a estudiar, podrán encontrar una guardería. Sin embargo, no todas las instituciones de educación superior ofrecen el servicio de cuidado de niños. Y en las que sí lo ofrecen, por lo general no tienen suficiente espacio para todas las familias.

Erica Almaguer es la coordinadora del programa de cuidado de bebés y niños de hasta 3 años del centro de cuidado de infantil (llamado Early Childhood Education Center), que se encuentra dentro de SFSU, y cuya administración corre a cargo de la Asociación de estudiantes de esa universidad.

Almaguer confirmó que hasta julio de 2013, había 200 familias en la lista de espera. Aclaró que dicho centro no era la mejor opción para padres de familia que estudian y trabajan, puesto que cierra cuando no se imparten clases en la universidad, como por ejemplo, durante las vacaciones de la primavera o de diciembre.

Alarcón recurrió a otras opciones de cuidado infantil. Explicó que tres personas (una de ellas, su padre) le cuidan a sus hijos mientras estudia. Eso significa que varias horas del día se le van en transportarse de un lugar a otro, más aún porque lo hace en el transporte público de la ciudad de San Francisco, donde reside y estudia.

“Sí manejo pero no tengo auto porque encontrar estacionamiento es casi imposible y muy costoso aquí”, expresó Alarcón, sentada en la oficina de Parents Voices (Voces de padres) en San Francisco, una organización sin fines de lucro que aboga por el cuidado de niños en California, y de la que ella forma parte. Comentó que fueron otros padres que participan en esa organización quienes la asesoraron y brindaron apoyo cuando buscaba servicios para madres que estudian.

“Todo lo hice yo sola”, añadió. Debido a la falta de un estatus migratorio legal en Estados Unidos, su esposo se regresó a vivir a México, su país de origen.

Por su parte Jennifer Maldonado, dijo estar emocionada y nerviosa porque en otoño de 2013 empezaría sus estudios de política pública en Mills College, que se encuentra en la ciudad de Oakland, en California. Esta universidad ofrece sus programas de licenciatura solo a mujeres. “Pensé ‘¡perfecto!, en Mills tienen todos los servicios para mamás porque se enfocan en mujeres’, pero no es así realmente”, expresó esta madre de una niña 4 años y una de 2.

Explicó que la consejera estudiantil que le asignaron en Mills, claramente no sabía cómo funcionaba la guardería que se encuentra en esa universidad. “Me dijo ‘¿qué te detiene para empezar tus estudios si aquí tenemos cuidado de niños?’”, contó Maldonado. La convenció para que empezara en la primavera pero después descubrió que la guardería solo acepta niños una vez al año, en el otoño. Y además, rechazaron su solicitud porque hay muchas familias en la lista de espera.

“Creo que hay como una desconexión en las universidades cuando se trata de informales a los padres sobre sus beneficios”, dijo Maldonado, en el edificio que alberga las oficinas de Parent Voices en Oakland, donde estaba haciendo una pasantía (prácticas profesionales).

Por lo pronto, ya tenía solucionado el cuidado para su niña mayor, a quien le otorgaron media beca en un preescolar bilingüe (español e inglés), pero no para la más pequeña. Esa fue una de las razones por las cuales decidió estudiar solo medio tiempo.

“Tres amigas me han ofrecido su ayuda para cuidarme a la chiquita mientras estoy en la escuela, pero eso es un milagro y es mucho pedir. Estoy nerviosa, no sé cómo le voy a hacer para las horas de estudio. Nunca me hubiera imaginado que el cuidado de niños eran tan difícil”, añadió esta madre de 31 años que reside en Berkeley, California. Su esposo también es estudiante.

Helen Blank, directora del departamento de Cuidado Infantil y aprendizaje temprano del National Women’s Law Center (Centro Legal Nacional de la Mujer), opinó que las universidades no tienen suficientes programas de cuidado infantil para los padres porque simplemente “no es una de sus prioridades”.

Para Jeanne Batalova, una analista del Instituto de Política de Migración (MPI por sus siglas en inglés), la principal razón por la que las universidades no proveen muchos servicios a los estudiantes “no tradicionales”, es económica. Se refiere a las universidades que ofrecen programas de 4 años (tras los que se obtiene un grado de licenciatura), las cuales están diseñadas para estudiantes jóvenes recién graduados del bachillerato (high school), que tienen más posibilidades económicas que los estudiantes “no tradicionales”.

Explicó que los colegios comunitarios, que ofrecen programas de 2 años (tras los que se obtiene un “grado asociado” o un certificado) hacen un mayor esfuerzo por ofrecer servicios para apoyar a los estudiantes que son padres o de bajos ingresos.

Batalova recomendó algunas iniciativas que las universidades pueden implementar para brindar un mayor apoyo a más estudiantes “no tradicionales”. Entre estas se incluyen: acceso a transporte, horarios flexibles y servicios integrales (como el cuidado de niños).

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La tarifa promedio anual por el cuidado de un bebé de tiempo completo en un centro infantil o guardería oscilaba en 2011 entre $4,600 a $15,000 dólares anuales, y para un niño de 4 años, entre $3,900 a $11,700 dólares. El costo varía dependiendo del estado donde resida la familia. Esto según datos de un reporte titulado Padres y el alto costo del servicio de cuidado de niños: reporte de 2012, publicado por Child Care Aware of America, una organización sin fines de lucro que aboga por un cuidado de niños accesible y de calidad para todas la familias.

En dicho reporte además se señalan los 10 estados donde el cuidado de bebés de tiempo completo en un centro infantil era más costoso en 2011: Nueva York, Minnesota, Oregón, Colorado, Hawaii, Kansas, California, Illinois, Massachusetts, Indiana y Wisconsin.

Ante el alto costo del cuidado de niños, muchas madres de bajos ingresos que estudian recurren a los subsidios económicos que se ofrecen en sus estados, y que son en gran parte financiados por el gobierno federal, para poder costear dicho servicio. Pero también para esta ayuda, la demanda es mucho mayor que la oferta.

En California, por ejemplo, “hay miles de familias elegibles para el subsidio para el cuidado de niños que no lo están recibiendo. Ahora no tenemos ni idea de cuántas familias hay en las listas de espera. Hace unos años, teníamos una lista de espera centralizada en cada condado y había en total 200,000 niños en esa lista”, informó Nancy Remley, administradora de la División de desarrollo de los niños del Departamento de educación de California.

Las familias elegibles para recibir el subsidio para el cuidado de niños en California deben recibir un ingreso de 75 por ciento o inferior, del ingreso promedio estatal. Esto se calcula de acuerdo al total de miembros de familia. Una familia de 4 personas, por ejemplo, tiene que reportar un ingreso mensual máximo de $3,908 dólares (ingresos netos sin restar los impuestos) para poder optar a recibir apoyos económicos para el cuidado de niños. Y por supuesto, deben demostrar que necesitan el cuidado infantil (por estudios, trabajo, incapacidad, etc.).

La ayuda financiera para el cuidado de niños está garantizada para las familias que son elegibles para recibir CalWORKs/TANF (welfare), un programa de asistencia social que brinda servicios y ayuda financiera a las familias necesitadas.

Pero California no es el único estado en el que las familias batallan para recibir este subsidio para el cuidado de niños. Es un problema que ocurre en todo el país. El gobierno federal aporta $5 billones de dólares para el Fondo de cuidado infantil y desarrollo (más las aportaciones de los estados). Un total de 1.6 millones de niños se benefician de los subsidios gracias a ese fondo. Pero para Blank, del National Women’s Law Center, eso no es suficiente, ya que solo uno de cada seis niños que son elegibles reciben la ayuda financiera para el cuidado infantil. “Es indignante”, aseveró.

Cabe la pena señalar que no todas las personas o lo centros certificados para cuidar niños aceptan los subsidios económicos que otorga el gobierno.

Subsidio para el cuidado de niños: un proceso difícil

Además de la escasez de ayuda financiera para el cuidado de niños, muchas madres encuentran el proceso para obtenerla y mantenerla, arduo y confuso. Es el caso de Jenniffer Maldonado, quien dijo que después de estar dos años en la lista de espera para recibir ese subsidio económico, le informaron que su familia no era elegible porque su esposo está estudiando una maestría.

“No entiendo por qué nos rechazaron la ayuda. Por un lado el gobierno quiere que la gente salga adelante para que ya no necesiten ayuda financiera, pero por el otro nos están atrasando si no nos apoyan”, dijo esta mamá quien nació en Nicaragua y vive en Estados Unidos desde pequeña.

Remley, del Departamento de educación de California, declaró que el subsidio se otorga a un padre de familia solamente durante los primeros cinco años de estudios universitarios, y muchos estudiantes de posgrado se pasan de ese tiempo. Añadió no estar de acuerdo con esa norma, ya que “la educación es la mejor indicación de que una persona saldrá adelante”. No obstante, “esas normas nos las han impuesto”.

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