Carrera por el presupuesto

Guía de Regalos

Faltan siete días para el fin del año fiscal y todavía no se sabe si el Gobierno tendrá dinero para cumplir con sus obligaciones a partir de esa fecha o si dejará de pagar a empleados, beneficiarios y contratistas.

Este es el resultado de una Cámara de Representantes tan disfuncional que es incapaz de lograr acción alguna que no sea un ataque a la administración Obama.

Lamentablemente esta es una historia repetida en las últimas décadas cuando hay una Cámara de Representantes republicana y una Casa Blanca demócrata como ahora y en la década de los noventas.

Siempre en estos casos ha habido un motivo para colocar al presidente de turno entre la espada y la pared, entre obtener un objetivo político determinado o un cierre del Gobierno por falta de fondos, ya que la Cámara Baja tiene el poder del bolsillo, según la Constitución.

El motivo ahora es la cruzada de un sector ultraconservador en la bancada mayoritaria contra la reforma de salud. La estrategia es matarla quitándole los fondos, a pesar que ya está beneficiando a millones de estadounidenses y que precisamente el próximo martes inicia la inscripción de beneficiarios. Este es un combate absurdo, y si se trata de derogar una ley, esta no es la manera de hacerlo.

La situación no sería tan urgente si se hubiera aprobado algunas de las 12 asignaciones presupuestarias, pero las discordias dentro de la mayoría ha impedido que ni siquiera una de ellas haya sido aprobado.

Los resultados muestran que la única acción concreta en cuestión presupuestaria es una extensión hasta mediados de diciembre, siempre y cuando, se eliminen los fondos para Obamacare.

La experiencia dice que si hay una acuerdo este será a última hora y si se cierra el Gobierno se culpará a los republicanos de intransigencia e irresponsabilidad. Todavía quedan varios días para demostrar las lecciones aprendidas y para actuar de una vez por todas en bien de los estadounidenses en vez de los extremistas.

ImpreMedia/La Opinion