Piropos pueden llevarte directo de la pasión al infierno

Contrario a nuestros países estos comentarios sin consentimiento pueden llevarlo a la cárcel
Piropos pueden llevarte directo de la pasión al infierno
Las mujeres se ven asediadas por el acoso callejero o "street harassment"
Foto: EDLP / Mariela Lombart

NUEVA YORK — “Adiós mamita“, o “Estás muy buena”, son solo algunos de los comentarios menos groseros que tiene que escuchar en las mañanas Clara Becerra, de 32 años, al salir de su apartamento en El Bronx.

Becerra describió su situación como incómoda. “Vengo de un país como República Dominicana, donde el piropo es algo cotidiano“, admitió, sin embargo, aclaró que al llegar a Nueva York hace 6 años, “me fui dando cuenta que es algo molesto, uno no quiere que nadie le diga nada”.

La mujer afirmó que no se atreve a ir a la policía por todo lo que conlleva hacer una denuncia. “Uno siempre piensa en que las cosas se pueden poner peor“, dijo.

Un portavoz del Departamento de Policía de Nueva York, indicó que no existen estadísticas de las denuncias por acoso callejero, en cuya clasificación se incluyen piropos, miradas lascivas, silbidos y gestos. Para estos casos concretos de acoso callejero verbal, sólo se puede multar a un ofensor si un uniformado ha presenciado el hecho, y es considerado como una ofensa menor.

El concepto de piropear o halagar a una mujer se ha tergiversado con el tiempo, en opinión del puertorriqueño Ramón Hurtado, de 66 años y residente de El Bronx. “Uno como hombre lo único que trataba era de admirar la belleza femenina. Eso ha sido reemplazado por palabras soeces”, dijo.

Los piropos son costumbres que en la mayoría de países latinoamericanos se consideran parte de la idiosincrasia cultural. En los Estados Unidos, es acoso callejero.

Serafín, un salvadoreño de 31 años, experimentó por sí mismo su falta de información al respecto, cuando fue multado recientemente por la policía en una municipalidad de Nueva Jersey, por haberle silbado y dicho “mamita rica” a una transeúnte.

“Me paro todos los días en una esquina para ver si consigo trabajo y vi una mujer bonita y no resistí el decirle algo, pero fue con respeto”, aseguró Serafín, que prefirió no dar su apellido.

El hombre se declaró culpable ante la corte por un cargo de vagabundear, por lo que debió pagar una multa de $80. El juez le advirtió que una segunda ofensa podría llevarle a la cárcel.

Carmen Salavarrieta, directora de la organización Ángeles en Acción de Plainfield, Nueva Jersey, indicó que son varios los casos en que los jornaleros han sido multados por decir piropos, por lo que regularmente dicta charlas al respecto.

“Hacemos énfasis en que no deben decirle nada a los transeúntes, por muy buena intención y respeto con que lo hagan. También, en que no deben mirar de forma lasciva, porque esto podría acarrearles consecuencias con la policía”, precisó Salavarrieta.

El sociólogo Mauricio Cuervo Bautista, explicó que el concepto de los piropos ha cambiado. “Antes se usaban como un acto de galantería masculina hacia las mujeres”. Hoy en día, dijo, “sencillamente no son una forma de coquetear sino una forma de acosar”.