Hartos de promesas excesivas

Hartos de promesas excesivas
Cifras recientes muestran que el 45% de los hispanos adultos dice que el impacto de la inmigración no-autorizada sobre los hispanos que ya viven en Estados Unidos es positivo.
Foto: Archivo

Inmigración

Han pasado solo siete meses desde que los republicanos presentaron un manifiesto, haciendo un llamamiento al partido para que ajustara su tono con los electores pertenecientes a minorías. Hasta ahora, ha habido poco progreso al respecto. Pero yo no descartaría al Partido Republicano todavía.

Sin duda, los republicanos no han hecho un buen trabajo para impedir que los fanáticos de su partido arrastren su reputación en el lodo —vienen a la mente las atroces acusaciones de tráfico de drogas contra inmigrantes habilitados para ampararse bajo el ‘DREAM Act’.

Y la brecha entre la manera de pensar del republicano medio y la de los hispanos se está agrandando en el asunto más delicado —la inmigración.

A medida que la economía se recupera lentamente, los hispanos, de los cuales casi la tercera parte creía, solo en 2010, que la inmigración ilegal tenía un efecto negativo sobre los latinos de Estados Unidos, ahora sienten menos animosidad en ese tema, según un Proyecto de Tendencias Hispanas, de Pew Research. Cifras recientes muestran que el 45% de los hispanos adultos dice que el impacto de la inmigración no-autorizada sobre los hispanos que ya viven en Estados Unidos es positivo, lo que equivale a un 16% más que en 2010.

Después están los tan publicitados números sobre las percepciones partidarias de los hispanos. La encuesta de 2013 sobre Valores Hispanos, realizada por el Public Religion Research Institute, dice que solo el 12% de los hispanos cree que la frase “le importa la gente como usted” describe mejor al Partido Republicano, mientras un 43%cree que describe mejor al Partido Demócrata.

Pero nunca subestimen el poder de la decepción, el desencanto y el disgusto.

En Chicago, la Campaña para la Moratoria de las Deportaciones (MDC), una coalición de organizaciones comunitarias de base, ha atacado a los representantes nacionales de facto de los inmigrantes —las grandes organizaciones de incidencia apoyadas por los demócratas, que obtienen la mayor parte del dinero y toda la atención en el debate— expresando que no representan adecuadamente el consenso actual sobre las medidas de la reforma para la misma gente que se vería más afectada por todo cambio en la ley.

La MDC tilda al movimiento de reforma migratoria preponderante de “fraude”, y dice que utiliza términos como “dignidad”, “respeto” y “mantener a las familias unidas”, cuando los esfuerzos de los demócratas en cuanto a la inmigración equivalen a una “campaña gigante de relaciones públicas, una forma de hacer promesas falsas a los inmigrantes, mientras promueven legislación que beneficia a los intereses corporativos, que necesitan mano de obra barata, gente desechable y un suministro constante de prisioneros”.

José Herrera, del MDC, me dijo que la gente con la que habla en la comunidad está harta de que los demócratas le mientan y de sus promesas vacías en cuanto a la inmigración —una preocupación que he oído de otras organizaciones inmigrantes de incidencia en todo el país. Herrera dice que los grupos pequeños de activistas tienen una “nueva perspectiva cautelosa y crítica sobre quiénes son nuestros aliados, y [nuestras alianzas] descansarán con los que estén dispuestos a decir la verdad.”

Los republicanos quizás no sean tan cálidos ni amistosos como los demócratas, pero por lo menos, no están utilizando, cínicamente, un asunto caro a los hispanos como un ariete para socavar adversarios políticos.

El presidente Obama sigue culpando a los republicanos de no producir la reforma migratoria. Pero cuando el simbólico inmigrante no-autorizado número dos millones sea deportado por el Gobierno, uno deberá preguntarse si el partido que sigue prometiendo a los latinos tantas cosas que no cumple en lo relativo a su promesa número uno de la campaña, es realmente mejor que un partido que es tan honesto sobre su posición respecto a la inmigración como lo es con respecto a su deseo de cortejar a los hispanos que realmente votan.

Cuenten a esos electores hispanos que lo pensarán dos veces antes de emitir su voto para los demócratas, si la reforma migratoria falla, y agréguenlos al 15% de los encuestados por Valores Hispanos que dijo identificarse como republicano, y el 24% que se considera independiente políticamente. Comienza a parecer que aún existe un terreno fértil entre los hispanos para los republicanos.

Los demócratas deben detener su prematura danza en la tumba del Partido Republicano.

El mismo día que el Comité Nacional Demócrata enviara una alegre celebración electrónica sobre el supuesto atascamiento de la campaña de captación republicana de los latinos —”Mayorías de hispanos apoyan a demócratas en asuntos tales como gastos del Gobierno y asistencia médica, considerados como sus más importantes inquietudes políticas”— el Comité Nacional Republicano anunciaba a directores estatales y de campo hispanos en California, Florida, New Jersey, Nuevo México, Pennsylvania, Texas y Virginia.

El CNR debería pensar en colocar un director de captación hispano en la misma puerta del presidente Obama —creo que él o ella captaría la atención voluntaria de muchos.