Más allá del Tribunal Constitucional dominicano

La sentencia del Tribunal Constitucional sobre la nacionalidad dominicana ha despertado el eterno debate sobre el nunca enfrentado problema dominico-haitiano.

En algún momento tenía que iniciarse el proceso de ordenar el Registro Civil Dominicano, convertido en un relajo por empleados y funcionarios corruptos durante decenas de años.

Los Estados son soberanos a la hora de imponer leyes sobre su territorio y salvaguardar sus fronteras; no obstante, la mencionada sentencia no es más que un paño con pasta al real problema con Haití; da vergüenza ajena ver las actitudes de los anti haitianos por excelencia y los “defensores” de la nacionalidad dominicana.

En vez de agarrar el toro por los cuernos de una vez por todas y poner sobre la mesa el problema en su conjunto.

Desde la muerte del dictador Trujillo a nuestro tiempo, no ha existido gobierno alguno que haya tomado las relaciones entre las dos naciones con la seriedad y la importancia que merece; todo se ha limitado a un dejar hacer, dejar pasar.

El negocio que siempre ha representado el trafico de haitianos a través de 300 kilómetros de frontera, por la cual transitan sin ningún obstáculo miles de seres humanos en contubernio con las bandas militares, no forma parte de lo que hay que solucionar. Por ende no está en la agenda del Ministro de Defensa.

La mano de obra barata e ilegal, ejercida por los haitianos sin derechos de ningún tipo, no es de interés para nadie, porque los empleadores son másfuertes que el gobierno. El Ministro de Trabajo no se da por enterado. A ver si empieza por aplicarle la ley a los dueños de ingenios del paíscon un millón de pesos de multa por cada trabajador ilegal.

Hace más de tres años hablé sobre una posible amnistía que le permitiera regularizar su status a todo el extranjero ilegal en el país que cumpliera con ciertas reglas, y empezaran a pagar sus impuestos al insertarse al mundo laboral y tener una vida digna.

Nuestra isla, la única en el mundo que comparte dos naciones que tienen diferentes idiomas, cultura y costumbres, jamás será divida físicamente en dos, ni el uno ni el otro podemos mudarnos, no tenemos otro camino que coexistir en la misma isla como dos naciones, dos pueblos y una misma causa, que no es más que la de luchar por un mundo mejor.