La violencia machista nos mata a todos/as

Guía de Regalos

Aunque nunca conocí a Ivonne Cintrón Negrón, lloro por ella. Ivonne fue matada y desmembrada la semana pasada por un hombre que se sintió rechazado porque no le correspondía a los sentimientos “amorosos” de este. Parte del cadáver fue hallado por su hijo; como fue descuartizado, las autoridades tuvieron que buscar los restos.

El acto barbárico del autor de los hechos, no es solo de él. Es la cumbre de los actos realizados a diario por hombres que han contribuido a que alguien se sinta capaz de hacerle eso a una mujer y que ser justificado. Todos/as hemos experimentado diariamente la violencia machista, y a veces nos resignamos a vivirla por no agotarnos con tanto luchar. Porque no es solamente el abuso físico, verbal, o psicológico. Sino las creencias y tendencias de nuestra cultura que permite que un hombre se crie con el derecho de pensar, decir o hacer lo que quiera con las mujeres.

La violencia machista también se manifiesta en las instituciones y estructuras que la mantiene viva, como la iglesia cuando permite actos de abuso por los sacerdotes; las escuelas, cuando rehúsan adiestrar a los maestros a como incorporar una perspectiva de género en sus agendas; el gobierno, cuando niega fondos que pudieran ser dirigidos a la prevención de violencia doméstica; a las compañías cuando no ofrecen planes de salud adecuados para cubrir la salud mental y reproductiva de las mujeres; y a las familias que más les vale la supuesta “unidad” familiar que enfrentar los roles anticuados y abusivos dentro de ella.

Reconozco que vivimos en una sociedad que ha acepta que algunos hombres se expresen a través de la violencia. Y como ellos consideran que el cuerpo de la mujer es propiedad de ellos, se sienten con el derecho de herirle, acosarlo y matarlo en muchos casos.

El valor de una mujer ha sido determinado por una sociedad patriarca, que en cualquier momento puede acabar con ella, no solo con la violencia en su contra sino con sus indiferencias y desaires. Por eso volvemos una vez más a ver la inhumanidad de un ser humano y la muerte indigna de otro ser digno.

Que quede claro, el caso de Ivonne no es uno aislado. La brutalidad del ‘feminicidio’ que se conoce en Ciudad Juárez, México y en Guatemala después de una guerra civil se representa en este caso. O en el caso de Jessica González, madre que trató de ejecutar una orden de protección contra su ex marido quién había secuestrado a sus tres hijos y terminó matándolos y suicidándose después. O la interpretación de la Ley 54 por el Tribunal Supremo de Puerto Rico que protege contra la violencia doméstica, pero no a las mujeres “adulteradas” que han sido golpeadas por sus amante.

El derecho humano más fundamental es el derecho a la vida. Y las leyes existen, o deben existir, para proteger contra cualquier intento de quitárselas. Pero las leyes nunca han sido la base de un cambio social amplio, y para erradicar este tipo de violencia, se va a requerir un compromiso por parte de todos/as, especialmente para que los hombres dejen de pensar en las mujeres como descarga emocional.

Yo me comprometo a trabajar por la paz de todos/as, pero especialmente para las mujeres. Y aunque mañana volveré a luchar, como siempre he hecho, hoy me doy tiempo y espacio para llorar.