Nelson Mandela, un hombre y un recuerdo

Por muchos años viví en Africa del Sur. En los momentos más difíciles del final del apartheid, distinto a mucha gente, me fui a vivir a Africa del Sur. Llegué porque esperaba que la transición política nos condujera a otro tipo de país. La vida no me falló. Concentré mis esfuerzos en una persona a quien siempre veneré: Nelson Rolihlahla Mandela. El príncipe de los príncipes. El jefe del clan, y más que nada el maestro de la nación.

Dicho esto, llegada la transición en el1994, ya llevaba varios años viviendo en dicho país. Distinto a muchos, sobre todo a personas de origen puertorriqueño, puedo atestiguar que fui uno de los pocos caribeños que vivió de cerca todo el cambio hacia una vida democrática. En particular, y esto no se me olvidará, viví el momento crucial del 27 de abril de 1994, cuando la bandera del viejo régimen fue des-izada mientras que la bandera del nuevo régimen fue izada. Habíamos llegado a la vida democrática, a una que Nelson Mandela había procurado que viviéramos des que asumió el liderato del Congreso Nacional Africano en el 1952.

Entonces, cuando decidí irme a vivir a Africa del Sur, en el 1990, lo hice al presenciar desde mi residencia en dicho momento en Inglaterra, del proceso de liberación de él de la cárcel, luego de 27 años de encierro. Esto fue un momento decisivo en mi vida, pues pensé y aún lo sigo pensando, que por todo lo que hizo en la vida, se merece mi respeto y admiración.

Cuando llegué a Africa del Sur el 27 de abril de 1991, siempre pensé que de dicho país no me habría de ir. Pasaron casi 10 años cuando reinicie la peregrinación al Caribe. No obstante en dicho tiempo que viví en Africa del Sur, conocí de cerca a Nelson Mandela por múltiples razones. Por un lado, porque trabajaba para el ministro de justicia, Dullar Omar, quien fue uno de sus compañeros de lucha cuando estuvieron presos en Robben Island. Durante este periodo producimos, junto a otros colegas, una respuesta de estado para reorganizar la policía nacional como el departamento de justicia de dicho país. Luego, como asesor y amigo de las dos abogadas mujeres que tuvo Nelson Mandela, tuve mayor cercanía con él. Este es el caso de Priscila Jana y Julie Mahomed, ambas abogadas de él en distintos periodos.

Así las cosas, cuando presentó su libro Long walk to freedom (largo camino a la libertad), estuve con él en la fiesta privada que se realizó. La foto que nos tomamos, luego de que le dijera que era de Puerto Rico y de forma muy solemne él me respondió “que toda su solidaridad era para con nosotros”. Este momento fue grandioso. Aunque en sus formas contradictorias no lo fue igual, para cuando en el 1997, le solicitamos que endosara la libertad de los presos políticos puertorriqueños. Aquí, como en todo lo que tiene que ver con el gobierno de los EE.UU, el principal apoyo a la revolución liberal de Africa del Sur, declinó ofrecerlo.

Pero a Mandela en todas sus contradicciones, siempre lo querremos. En particular porque su obra fue, y será siempre, monumental.

Larga vida Madiba. ¡Amandla! ¡Awetu! Que en xhosa, su lengua materna, significa poder para el pueblo, a lo cual Nelson Mandela siempre mostró su lealtad.