“Pitorro”, ron clandestino de la Navidad en El Bronx

La destilería Port Morris se especializa en añejar el tradicional licor boricua para el gusto de decenas de clientes en la Gran Manzana
“Pitorro”, ron clandestino de la Navidad en El Bronx
Los propietarios de la destilería Port Morris, Rafael Barbosa (camisa gris) y William Valentín, se conocieron de niños en el proyecto de vivienda Douglass Houses, en Manhattan.
Foto: EDLP / Mariela Lombard

NUEVA YORK — A simple vista, la destilería Port Morris, en El Bronx, parece disponer ni más ni menos que de lo necesario para elaborar licores: Se ven botellas vacías, un etiquetador manual, barriles de añejar, un moderno alambique importado de Alemania… Hasta ahí, todo normal. Pero luego aparece algo que no encaja en el sitio: una hamaca enrollada en un rincón.

“La hamaca es de mi tío Rafael y la instalamos allí para que él se sienta como en Puerto Rico“, explicó Rafael Barbosa, de 41 años, quien con su amigo de infancia William Valentín, de 43, son los dos socios fundadores del local. Entonces se descubre que esa hamaca es la pieza principal de la existencia de esta singular espacio que fabrica el popular pitorro puertorriqueño.

Al tío Rafael, de 64, no le gusta dar su apellido y casi no se deja fotografiar. ¿Por qué? Rafael, desde niño, se iba a una montaña en Guayama donde tenía un alambique escondido e instalado junto a un arroyuelo, y fabricaba clandestinamente pitorro. Por ende, hablar abiertamente de su profesión con extraños no está en su lista de tareas.

“El tío se perdía durante dos días, dormía en el monte en su hamaca, y regresaba con su garrafón lleno de este ron ilegal, una bebida muy popular en Puerto Rico, especialmente en la época de Navidad”, narró Valentín.

Barbosa y Valentín se conocieron en el proyecto de vivienda Douglass Houses, en Manhattan. El primero era conserje de la Autoridad de Vivienda Pública (NYCHA) y el segundo es mecánico de aire acondicionado central. Barbosa tiene dos hijos varones de 12 y 19 años, y Valentín dos hijas de 12 y 18. Son tan unidos que ambas familias siempre viajan juntas a la isla.

“Fue allí donde conocimos el pitorro y la receta secreta del tío Rafael, que se compone de maíz, manzana, azúcar y miel”, explicó Barbosa. “Ese día, fui a la computadora, descubrí que se podían conseguir licencias para destilería, y entre mi amigo y yo nos preguntamos por qué no poner el negocio en Nueva York”, agregó.

“Cuando decidimos instalar la destilería”, relató Valentín, “fue difícil convencer a tío Rafael de que viniera a trabajar con nosotros, pero cuando le explicamos que aquí podía fabricar pitorro de manera legal, se alegró y se unió al proyecto”.

Los amigos tenían en Port Morris un estudio de grabación, porque Valentín es cantante, y decidieron venderlo para invertir en el proyecto. Esa zona del Sur del Bronx se podría considerar la meca del pitorro en Nueva York, pues a pocos pasos se encuentra la destilería Tirado, que también produce pitorro.

Valentín precisó que el negocio arrancó hace dos años y medio, y costó más de $300,000. “Tuvimos que contratar un abogado para sacar las dos licencias que se necesitan, una federal y otra estatal, la cual exige que uno tenga ya un local y equipos y que la materia prima de la bebida que se va a destilar provenga del mismo estado de Nueva York”, resaltó.

La destilería fabrica el Pitorro Shine, cuya botella de 750 ml. se vende a $30. La misma botella de Pitorro Añejo cuesta $35. El contenido de alcohol es de 46%.

“Nosotros somos los únicos que añejamos pitorro, algo que siempre quiso hacer el tío Rafael”, aseguró Valentín. “Hicimos un curso, compramos barriles y probamos, y el resultado fue fabuloso”.

Aunque la destilería tiene la capacidad de producir más de 500 botellas a la semana, todavía están introduciendo el producto en el mercado, que se puede encontrar en 17 licorerías y vía internet.

“El tour es gratis, los participantes vienen y nos ayudan a destilar pitorro, a envasarlo y etiquetarlo”, declaró Barbosa. “Aprenden el proceso de destilación, prueban los productos que tenemos, y les contamos la historia de esta bebida”.

Aunque aún no tienen suficientes ganancias para contratar personal, “nuestra meta es hacer crecer el negocio, vender el producto en el mercado local y llegar a exportarlo a Puerto Rico y a otros países”, manifestó Barbosa.

Mientras tanto, es Rafael quien llega, prepara su fórmula secreta, enciende el alambique, y espera recostado en su hamaca, igual que como lo hacía en el monte.

“Él es quien le da el toque clandestino”, indicó Barbosa.

Es un tipo de alcohol fuerte destilado de forma clandestina. Le dicen “moonshine” en Estados Unidos y “guaro” en Honduras. Los panameños lo conocen como “chicha fuerte” y los cubanos como “chispetren”.

En Puerto Rico, el pitorro clandestino (también llamado Ron Cañita) se prepara en un alambique de fabricación casera, que consiste básicamente de una caldera caliente y un balde de agua frío.

Primero, el alambiquero calienta y fermenta la melaza de azúcar en la caldera para evaporar su contenido alcohólico. Estos vapores se elevan y pasan por un tubo especial en el tope de la caldera, el cual los conduce hacia el recipiente lleno de agua. Al atravesar por el tubo serpentino dentro del balde de agua, los vapores se enfrían y finalmente se condensan, convirtiéndose en ron puro.

La ilegalidad está en que el pitorro no paga arbitrios, ni se somete a procesos rigurosos de control de calidad del Gobierno de Puerto Rico y del Gobierno federal estadounidense.

La fórmula también incluye frutas de estación, lo que suaviza el producto, le da un olor más agradable, y no produce resaca o cruda.

Cada viernes, a partir de las 4 p.m., se ofrecen degustaciones en el bar decorado como las calles del Viejo San Juan que tienen en el local, en el 780 Este de la calle 133.

Asimismo, organizan “tours” a través del sitio web portmorrisdistillery.com.