Evolución de la primera “Rockette” latina en NYC

La boricua Lillian Colón hizo la transición de bailarina del grupo a trabajar tras bastidores en el emblemático Radio City Hall

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Nueva York — Lillian Colón vivía en un orfanato, pero la primera vez que las monjas la llevaron a ver el espectáculo de las Rockettes, siendo aún niña, supo que quería ser bailarina.

Tras participar en numerosos musicales, la puertorriqueña pudo finalmente vincularse con el selecto grupo en donde se mantuvo por 17 años.

Actualmente, en un momento diferente de su carrera tras bastidores, Colón continúa siendo parte de este hermoso espectáculo navideño e inspirando a las nuevas generaciones para que admiren la belleza de este arte.

Colón también es madre de una joven adolescente, a la que espera poder trasmitir el valor del sacrificio y la disciplina en la vida. En sus propias palabras, Lillian nos habla sobre lo que fue su carrera y sus futuros prospectos.

Me tomó muchos años llegar a las Rockettes, había hecho muchas cosas en Broadway, “shows” ambulantes e “Industrials” (un show que se hace basado en un producto).

También fui a California e hice cosas de verano, de allí fui a México para ser bailarina de Olga Breeskin en su película “Nora la rebelde”, luego ella me pidió que me quedara para hacer su acto en el club nocturno.

Llegó un punto en que me pregunté qué hacer ahora, así que regresé a Nueva York y me vinculé con Menudo, me convertí en la coreógrafa y viajamos por Latinoamérica.

Luego hice Chorus Line y después pude entrar a las Rockettes; fue muy competitivo. En ese tiempo, no había mucho traspaso, nadie se iba. Sólo cuatro de nosotras lo logramos entre 800 jóvenes. Llegué a las Rockettes en los 90, fui la primera latina.

Lo más difícil fue aprender a bailar, porque yo no lo hice cuando era una niña como la mayoría de bailarinas lo hace. Yo empecé en la secundaria, tenía 14 años, tuve que ponerme al día. Soy latina, podía mover la cadera (entre risas), pero me faltaba el entrenamiento.

Todavía recuerdo esa primera noche en que caminas hacia el escenario, es impresionante. Cuando la cortina abre y ves 6,000 personas mirándote, sientes que, aunque hay 36 muchachas, estás sola. Es una experiencia fenomenal.

Otra joven latina vino después de mi, su nombre era Abi, pero no se quedó por mucho tiempo, creo que era colombiana. Ella tenía una vida maravillosa allá y no se quiso quedar.

No hay mas latinas porque es un régimen estricto, hay que tener dinero para pagar por clases, además hay que tener al menos 5’5″ de estatura.

Conocí a mi esposo un día tras bastidores en el Radio City. Vino a reemplazar a alguien, eso fue casi al final de mi carrera como Rockette.

Empecé a hacer vestuario, en el 98, en Broadway porque pensé que necesitaba tener algo antes de dejar las Rockettes.

Un día, sin embargo, me propuse volver a Radio City; es muy difícil dejarlo, es un mundo tan maravilloso.

Mi corazón está en la danza, pero es muy bueno estar tras bastidores y ayudar a las nuevas chicas, enseñarles los secretos. Mi trabajo es asegurarme de que sus disfraces luzcan perfectos. Es de temporada, así que el resto del tiempo enseño danza en Manhattan Plaza.

Mi siguiente objetivo es llegar a convertirme en mentora y trasmitir todo el conocimiento que he adquirido. Continúo estudiando y estoy trabajando en mi libro sobre mi camino a las Rockettes.

Cuando me alejaron de mi familia, todas mis raíces latinas desaparecieron, era diferente y fue muy extraño que yo volviera a capturar mis raíces después de dejar el orfanato. Me gustaría llegar a inspirar a las niñas.

También me encantaría colocar un número latino en el show.