Un año más con los Castro

Sigue a El Diario NY en Facebook

Para los partidarios de Fulgencio Batista el 1 de enero de 1959 fue un día nefasto. El hombre fuerte de Cuba se había fugado de la isla en la madrugada en un avión con rumbo a la República Dominicana.

Le avisó a pocos. Muchos de sus seguidores quedaron atrás. Algunos pudieron irse en yates a Estados Unidos. Otros se asilaron en embajadas latinoamericanas. Atrás quedaron muchos del mando medio del gobierno del hombre fuerte que jugara un papel importantísimo en la historia de Cuba desde 1933 hasta 1958. Ellos pagaron caro los crímenes que habían permitido a Batista gobernar desde el 10 de marzo de 1952 hasta el último día de 1958. Muchos fueron encarcelados y otros fusilados sin mucho derecho a defenderse.

Ese día Fidel Castro habló por Radio Rebelde desde la Sierra Maestra. Dejó claro que no pactaría con nadie. Quería que el pueblo esperara a que él con su caravana de rebeldes llegaran a La Habana para tomar el poder oficialmente.

Vale una aclaración. En aquellos días la mayor parte de los cubanos celebraban el fin de una dictadura. Los cubanos querían democracia y con mucha ingenuidad le dieron un respaldo cerrado los barbudos. Ellos llevaban rosarios colgados del cuello. No era lógico o posible pensar que Fidel era comunista.

La idea de que ese día Cuba había cambiado un gobierno autoritario por una dictadura comunista totalitaria era inconcebible. Quien iba a pensar que los hermanos Castro gobernarían Cuba por más de 50 años. Hoy los cubanos vivimos separados por el pequeño Estrecho de la Florida. Un pueblo dividido, con poco en común.

Los que se quedaron en Cuba, sus hijos, y sus nietos, aprenden a resolver. Ellos pasan todo tipo de necesidades económicas. El sueldo promedio en Cuba es irrisorio. Viven bajo la vigilancia constante de los comités de chivatos, dispuestos a acusarlos de ser contra-revolucionarios o a montarle un acto de repudio a cualquiera que diga que quiere libertad.

Los que salieron al exilio han demostrado un enorme empuje. Al principio médicos trabajaron limpiando baños en los hoteles de Miami Beach. Otros cargaron maletas, estacionaban autos, o trabajaban en almacenes cargando cajas. No importaba lo que tuvieran que hacer. Todos estaban seguros que Castro duraría poco y por eso tenían las maletas listas para regresar.

Aquellos primeros días de necesidad fueron pocos. A medida que se daban cuenta que lo de Cuba iba para largo, los médicos revalidaron sus títulos; los abogados volvieron a estudiar derecho o a dar clases de español. La mayoría de aquellos primeros exiliados mostraron una increíble capacidad para crear empresas de todo tipo. El exilio cubano a Estados Unidos ha sido uno de los más exitosos en la historia de este país.

Pasaron los años y estos se convirtieron en décadas. Los hijos y los nietos nacidos fuera de la isla pasaron de ser exiliados a cubanos americanos. Y con el tiempo y el relevo generacional más americanos que cubanos. Pero de Cuba llegaban más y más cubanos todos los años. Llegaron por el Mariel, en balsas, cruzando la frontera.

Hay muchos que todavía piensan en el regreso a su querida Cuba. Pero cada día el regreso es más difícil. Todos quisiéramos ver el final de la dictadura comunista de los hermanos Castro. Todos quisiéramos volver a Cuba, aunque sea a visitar. Pero ya muchos han echado raíces profundas en este país. Para los más jóvenes que no la conocieron es el sueño de sus padres o abuelos.

Guimar123@gmail.com