Inmigración confunde al Partido Republicano

En el término de una semana los Republicanos en el Congreso acordaron aprobar una serie de leyes sobre inmigración dirigidas a fines específicos, decidieron que era aceptable dar a los trabajadores indocumentados un camino hacia la legitimización y no a la ciudadanía, pero de repente decidieron que el asunto estaba muerto para este año.

Este es un claro indicio de un partido dividido. Es un partido en que algunos de los más esclarecidos miembros entienden que aprobar una ley de inmigración es crucial para la supervivencia del partido a largo plazo. Es un partido donde sus miembros más conservadores se identifican como miembros del Tea Party y consideran una apostasía hablar sobre cualquier cosa que se asemeje a una amnistía en forma alguna.

La reforma de la inmigración ha tomado una ruta retorcida para los Republicanos desde el principio en el Senado donde un grupo de ocho diseñaron lo que se convirtió en una ley sensata que fue aprobada, hasta una Cámara de Representantes que se retorció a sí misma en un nudo gordiano que nadie sabe como desatar.

Agarrado en medio de esta arena movediza está el Presidente de la Cámara de Representantes, el republicano John Boehner, quien en vez de asumir un papel de liderazgo sigue los caprichos de los elementos más conservadores del partido, no importa que estos perjudiquen al partido a largo plazo.

Durante semanas, Boehner y otros Republicanos conservadores han estado buscando una excusa creíble para decir que “no” la aprobación de una ley sobre la reforma integral de la inmigración. Muchos en el partido creen que las encontraron cuando en su discurso sobre el Estado de la Unión el presidente Barack Obama manifestó que estaría decidido a utilizar sus poderes ejecutivos para aprobar medidas paralizadas en el Congreso.

No importa que el Presidente Obama indicara que ya no requeriría un camino hacia la ciudadanía para los 11 millones de inmigrantes ilegales que ya residen en este país. Enfatizó el punto para dejar saber a los Republicanos que estaba decidido firmar una ley que solo daría a los ilegales un pase hacia la legalidad. Un estatus este que les permitiría registrarse, vivir y pagar impuestos legalmente en el país, pero no les abriría el camino para convertirse en ciudadanos.

Ni siquiera considerarían cuán difícil seria para el Partido Republicano para ganar la Casa Blanca en el 2016 sin los votos electorales de estados como Nevada, Nuevo México, Colorado y Arizona.

El camino hacia 270 votos electorales se haría casi imposible sin un cuantioso voto Hispano. El candidato Republicano en el 2012, Mitt Romney, admitió que cometió un error serio en el 2012 cuando sugirió que los indocumentados deberían “auto deportarse”.

Es cierto que una Cámara de Representantes con distritos electorales diseñados con fines políticos le dan una ventaja a los Republicanos conservadores, quienes están cómodos en escaños seguros. No tienen porque preocuparse por un debate complicado y peligroso sobre la inmigración.

Personalmente, yo creo que Estados Unidos, con una población de creciente edad avanzada, necesita nueva sangre joven para continuar creciendo. Sería sabio conceder un camino duro pero justo hacia la ciudadanía. Un camino que requeriría pagar los impuestos atrasados, aprender sobre la historia de Estados Unidos y hablar un inglés aceptable.

Esto ayudaría al país y sería de nuevo prueba que esta es una gran nación es que siempre ha sido y sigue siendo una nación de inmigrantes.