El costo político de la inacción

Si los republicanos no abordan la reforma migratoria este año para no “lastimar” sus posibilidades de arrebatarle el Senado a los demócratas y mantener la mayoría en la Cámara Baja, ¿cómo competirán por la Casa Blanca si llegan a las elecciones generales de 2016 con su intacta imagen de antiinmigrantes y como los responsables de haber bloqueado, una vez más, la reforma migratoria?

La respuesta es sencilla. Llegarán muy mal parados al ciclo electoral de 2016. Como una rueda, los ciclos electorales colocan a un partido arriba o abajo, en ventaja o desventaja, dependiendo de lo ocurrido en el ciclo anterior y de las circunstancias que rodean al presidente en turno, que suelen salpicar a los legisladores.

Así, en estas elecciones de 2014, con el presidente Barack Obama vapuleado por la batalla del Obamacare y con bajos índices de popularidad, los republicanos apuestan a mantener la mayoría en la Cámara Baja y a tratar de conseguir la mayoría en el Senado, porque hace seis años, en 2008, los demócratas de la Cámara Alta sumaron ocho escaños impulsados por los vientos de cambio y el voto de una amplia coalición de votantes como se han visto pocas en elecciones generales. Este año los demócratas tienen más campo que defender, 21 escaños en circunstancias complicadas, comparado con 14 escaños para los republicanos.

Pero en 2016 el panorama cambia y los republicanos tendrán 24 escaños en juego y los demócratas sólo 10. Esto incluye estados donde el mal manejo que den los republicanos al tema de la reforma migratoria puede determinar los resultados de la elección.

Esos mismos votantes elegirán además al sucesor de Obama. Hasta ahora los republicanos siguen desechando todas las advertencias de que tienen que hacer algo en materia migratoria para atraer el voto latino que les urge para ganar la Casa Blanca. Es pura matemática porque el Partido Republicano no sólo ha alienado a los latinos sino a otros bloques electorales clave como mujeres, jóvenes, moderados e independientes. Su base de amotinados del Tea Party no es suficiente para ganar la Casa Blanca.

En otras palabras, aunque 2014 favorezca a los republicanos y recuperen el Senado, el mapa electoral de 2016 no los favorece y podrían volver a perder no sólo el Senado sino la Casa Blanca.

Lo que no debe ser complicado es que los republicanos actúen para mejorar el abismal desempeño que tuvieron en las elecciones de 2012, cuando sólo lograron 27% del voto latino frente al 70% de Obama. Y la clara vía para lograrlo es a través de acciones concretas en favor de la reforma migratoria.

Un 62% de los votantes latinos tendría una opinión más favorable de los republicanos si el presidente cameral, John Boehner, permitiera un voto de reforma en el pleno aunque no lo apoye una mayoría republicana, pero 71% tendría una opinión desfavorable de los republicanos si Boehner la bloquea, explicó Matt Barreto, de la firma Latino Decisions.

Es el costo político de la inacción. Más claro no canta un gallo.