Muppets vuelven a hacer de las suyas en ‘Muppets Most Wanted’

Ricky Gervais se rodea de los famosos personajes en 'Muppets Most Wanted', la octava cinta de la franquicia familiar
Muppets vuelven a hacer de las suyas en ‘Muppets Most Wanted’
Ricky Gervais junto a Miss Piggy y Kermit, estrellas de 'Muppets Most Wanted', que se estrena el viernes.
Foto: Disney

Aunque The Muppets, creados por el legendario —y tristemente desaparecido Jim Henson— debutaron en 1955, no fue hasta 21 años después cuando alcanzaron la gloria gracias al inicio de la emisión televisiva de The Muppets Show y, en 1979, al estreno de The Muppets Movie, que daría pie a una franquicia cinematográfica que hoy incluye ocho largometrajes.

Los dos últimos, The Muppets (2011) y Muppets Most Wanted —que se estrena este viernes— forman parte de la “resurrección” de sus personajes, tras una época de silencio, auspiciada por los estudios Disney, hoy su propietario.

The Muppets recaudó en todo el mundo $165 millones de dólares, lo que animó a la compañía a proseguir con un nuevo filme en el que Kermit, Miss Piggy, Fozzie, Gonzo y Walter —éste la incorporación más reciente— se pasean por Europa de gira, al tiempo que un mánager con intenciones muy dudosas (el comediante inglés Ricky Gervais) planea la sustitución de Kermit por una rana de reputación criminal llamada Constantine.

Gervais —de 52 años, creador de series como The Office (la original inglesa) y Extras, intérprete de filmes como Ghost Town y Night at the Museum: Battle of the Smithsonian, y controversial presentador de los Golden Globes en dos ocasiones— habló con La Opinión sobre la cinta, sus influencias cómicas y el por qué hay tanta gente estúpida en este mundo

Comedia se adapta a los tiempos… pero The Muppets siguen triunfando siendo los mismos.

“Primero, el humor no cambia, porque nosotros como humanos no cambiamos. Si agarramos un hombre de las cavernas, lo afeitamos y le enseñamos a hablar, entenderá nuestra comedia. Fundamentalmente, la comedia es sobre el espíritu humano: es un proceso intelectual que nos ayuda a superar cosas. La empleamos como escudo, espada, medicina… Es otra faceta de la humanidad. Lo que cambia es la tecnología, el acceso. El mundo se está haciendo cada vez más pequeño debido a las comunicaciones. Pero dejando de la lado la barrera del idioma, [el humor] sigue siendo el mismo. Por eso The Muppets siguen siendo grandes: por su inmortalidad. Son buena gente, con corazón. Son gente, aunque luzcan animales. Lo que a mí me gusta es su optimismo: es algo que me encanta en drama y comedia, en gente y ficción… Lo que queremos es que el mundo sea correcto, que los buenos ganen. Por eso tantos filmes hechos en Hollywood acaban bien. Y The Muppets siempre terminan bien, en el lado correcto de [la ecuación]. Son fundamentalmente buenos.

Pero también hay un elemento de anarquía inusual en el cine infantil…

“Lo que hacen es deconstruir el formato, Hollywood, el cine. No deconstruyen la gente y lo que es correcto: no juegan con la moralidad para nada. Juegan con las convenciones del arte, de la industria, de la televisión”.

Hay un componente muy físico en su actuación en este filme que me recuerda a Peter Sellers…

“Soy un gran fan, pero mi influencia es más cercana a Laurel & Hardy. Son personajes precarios, que pueden tropezar en cualquier momento. Me encanta la gente que se necesita aunque piensen lo contrario. [También soy fan de] Woody Allen, Christopher Guest, quien estudia estupidez y ego, para jugar con ellos y reirse de ellos. Pero uno se deja influir por todo lo que ve, lo vea o no. The Muppets me influenciaron cuando hice Extras: un grupo de gente común tratando de hacer algo extraordinario, con estrellas dándose vida a sí mismas riéndose de sí mismos”.

Nunca había pensando en esa correlación…

“Yo tampoco. Me di cuenta este año. De ahí surgió”.

Hace un par de años entrevisté a Kermit y me creí que era Kermit. En el rodaje asumo que, con todas las interrupciones, no es lo mismo.

“Oh, yo no veo a la gente [que maneja a The Muppets]. Si Constantine estuviera aquí mismo, sólo lo vería a él, cómo se enfada, cómo reacciona. Cuando toco su cabeza, toco su cabeza, no la mano del [marionetista]. Nunca fue un problema para mí. Creo que es porque aún soy un niño”.

La variedad es el secreto de la comedia.

“Cierto. Yo quiero hacer de todo. Me gusta la comedia clásica, la surreal como Monty Python o Fawlty Towers, la tontorrona como Laurel & Hardy… Pero cuando hago lo mío, lo que prefiero es sátira social, me gusta jugar con la gente, con lo que me gusta y odio… Es la comedia de la incomodidad: me encanta hacer que la gente se sienta incómoda. Cuando vives en un mundo sin guerras, donde hay comida por todas partes, cuando tus hijos no se mueren de disentería, tu único temor es sentirte avergonzado. Es algo con lo que todo el mundo se puede identificar”.

Usted es muy activo en Facebook y Twitter. ¿Cómo cree que las redes sociales han cambiado a la comedia?

“En muchas formas. Ha dado a todo el mundo una plataforma, lo que es bueno y malo. El problema es que… al principio me resistí, porque creía que sólo había idiotas [en la red]. Y los hay. Pero también los hay en las calles, en las tiendas… los hay en todas partes. Pero no es tan malo: tengo más cinco millones de seguidores y si hay un idiota, lo bloqueo o le respondo que es un idiota. [Las redes sociales] son un inmenso muro blanco y nosotros somos simplemente graffiti. Es otra forma de entretenimiento, no muy distinta a una biblioteca: hay libros que son una basura, y no hace falta leerlos. Lo mismo con las redes. Son otra forma de libertad de expresión. Ser ofendido es el daño colateral de la libertad de expresión”.

Pero es difícil filtrear la estupidez humana…

“Oh sí. Pero hay gente estúpida por todas partes. Y no se puede legislar contra la gente estúpida. Incluso la gente que no es estúpida sobre una cosa, lo será en otra. Hay que distinguir entre lo que es correcto y lo que es equivocado. Al fin y al cabo eso es lo que es la vida”.

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