Manipulaciones de la Oficina Oval en inmigración

Los apologistas de Barack Obama están tratando de desviar la atención del hecho de que el gobierno pronto llegará a los dos millones de deportaciones. Ese dudoso mérito se lo debemos al presidente, quien desvergonzadamente hizo demagogia con los latinos, prometiendo arreglar el fallido sistema migratorio, pero resultó ser más hábil en deportar indocumentados que en hallar una manera de que éstos permanecieran en Estados Unidos y continuaran contribuyendo al país.

Obama es también hábil en manipular el tema, echando la culpa a sus críticos. Según informes mediáticos, estos tres hechos se pusieron en evidencia, la semana pasada, durante una reunión organizada, apresuradamente, entre Obama y 17 sindicalistas y defensores de la reforma migratoria; digamos más bien, los individuos que fingen ser “defensores de la reforma migratoria”. Los verdaderos defensores son aquellos que nunca serán invitados a esas reuniones, porque han criticado al presidente o porque no se los puede controlar.

Una excepción es Janet Murguía, presidenta del Consejo Nacional de La Raza, que ha dicho poca cosa sobre las deportaciones en los últimos cinco años. Fue invitada a pesar de que recientemente tildó a Obama de “deportador en jefe”. El presidente se irritó con esa calificación, tanto que se desvivió por referirse a sí mismo, durante una reunión municipal patrocinada por los medios en español, como “defensor en jefe” de la reforma migratoria.

Para Obama, la reunión tuvo tres propósitos: restablecer la narrativa de que todo lo desagradable en el lío de la inmigración es culpa de los republicanos, incluyendo el número récord de deportaciones llevadas a cabo por la rama ejecutiva; defenderse de sus críticos y reafirmar el control sobre sus seguidores; y descarrilar una resolución que condene las deportaciones, que el Consejo Hispano del Congreso estaba preparando para su aprobación, pero que, finalmente, se postergó.

Mientras tanto, dos altas funcionarias del gobierno —Valerie Jarrett, asesora allegada y Cecilia Muñoz, directora del Consejo de Política Interior— están indignadísimas mientras intentan proteger la imagen progresista de Obama. El equipo propaga información errónea a los grupos de defensa de los intereses de los inmigrantes y a los medios. Como la tremenda mentira que el presidente trató de vender en la reunión de la Casa Blanca: la culpa de todo la tienen los republicanos. Los demócratas quizás controlen la Casa Blanca y el Senado, pero los republicanos controlan la Cámara de Representantes. Y el Partido Republicano proporciona los recursos que permiten la operación del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas, por lo que hay que culpar de las deportaciones a los republicanos.

Eso podría tener sentido si el gobierno de Obama no hubiera pedido recientemente un presupuesto de otros 2.600 millones de dólares para la “imposición y remoción” de inmigrantes. ¿Pueden escuchar al presidente desafiando a los republicanos desde la Oficina Oval? “¡Deténganme antes de que vuelva a deportar!”

Cuando se trata de la inmigración, el objetivo del presidente Obama es proteger. Y lo que protege es la narrativa de que él no ha hecho nada malo. Es una frase cada vez más difícil de vender.

The Washington Post Writers Group