Persisten dudas a 20 años de la muerte de Colosio

A 20 años del asesinato del entonces candidato del PRI a la presidencia de México, que se cumplen este domingo, todavía muchos opinan que el crimen tuvo más de un autor
Persisten dudas a 20 años de la muerte de Colosio
La muerte del entonces candidato presidencial, Luis Donaldo Colosio, conmocionó a todo México.
Foto: Agencia Reforma

TIJUANA, México.— Las letras negras de una campaña política han prevalecido desde hace 20 años en la pared de ladrillo de una de las cientos de casas que conforman el menesteroso paisaje de Lomas Taurinas.

“COLOSIO”, se lee en la tapia de esa vivienda, donde el 23 de marzo de 1994 sonaba a todo volumen la canción de “La Culebra”, interpretada por Banda Machos.

Desde el techo de esa casa, donde suelen tender la ropa para secarla, se grabó el video que muestra el momento preciso cuando un revólver Taurus calibre 38 estalló en la cabeza del candidato presidencial del Partido Revolucionario Institucional (PRI).

Yolanda Lázaro Caratechea tenía en aquel entonces 34 años de edad y como líder de la colonia le tocó estar al lado de Luis Donaldo Colosio Murrieta cuando el político ofreció su último discurso la tarde de aquel fatídico miércoles.

“Por allá atrás cayó el candidato”, apuntó doña Yolanda hacia la estatua que se levantó a Colosio en lo que ahora es la Plaza de la Unidad y la Esperanza.

“Por ahí se lo llevaron arrastrándolo, iba todo ensangrentado”, señaló el camino donde antes era un riachuelo de aguas negras.

A 20 años del asesinato de Colosio, que se cumplen este domingo, la famosa Lomas Taurinas ya cuenta con drenaje y agua potable que no tenía en aquel entonces, sus calles están pavimentadas, tiene un centro comunitario que lleva el nombre del candidato y de su esposa Diana Laura Riojas, y tiene también la misma duda que la gran mayoría de los mexicanos ha tenido desde hace dos décadas: ¿Quién mató a Colosio?

La investigación que durante seis años realizaron cuatro fiscales especiales está inscrita en un expediente que consta de 174 tomos de 68 mil hojas, el cual incluye 1,993 declaraciones ministeriales; donde se concluye legalmente que Mario Aburto Martínez fue el autor de los dos disparos que recibió Luis Donaldo Colosio y que no existe prueba jurídica que demuestre la coparticipación de personajes políticos y del crimen organizado.

Sin embargo, durante estas dos décadas ha podido más el imaginario colectivo que la verdad jurídica de una investigación criminal, las más amplia que se haya realizado en la historia de México.

A la gran mayoría de los mexicanos no los convenció que Mario Aburto haya sido un asesino solitario, prefieren creer en la teoría de “una conspiración criminal desde las más altas esferas del gobierno”, que fue motivada por el clima político electoral de la época y las especulaciones periodísticas.

“Es muy difícil competir contra el mito”, declaró en el año 2000 Luis Raúl González Pérez, el último fiscal del caso Colosio al concluir de manera definitiva la investigación.

“Eso del asesino solitario nadie nos la creemos, porque por desgracia sabemos que en México la ley no se respeta, todo es soborno”, comentó María Guadalupe Pérez Castillejos, una tabasqueña que tenía 14 años cuando mataron a Colosio.

“Sabemos que fue un crimen político, nadie nos la creemos de que Aburto fue solo, porque no le convenía a los intereses personales de los políticos que Colosio fuera presidente”, dijo la joven que descansaba bajo un árbol, desde donde se alcanza a ver un mural con los rostros de Colosio y Peña Nieto.

“Eso da risa de verdad”, mencionó respecto a la pintura. “Porque son dos personas diferentes, Peña Nieto es una persona que fue preparada para ser presidente, Colosio era una persona autónoma, tomaba decisiones por él mismo, cuando hablaba expresaba sus opiniones, no lo que le dijeran como a Peña Nieto, que sólo es una marioneta”.

Víctor Bautista tiene 21 años y pocas referencias sobre quién fue Colosio y del lugar por donde camina cuando pasa frente a la estatua que hay en Lomas Taurinas.

“Lo único que sé es que era uno de los candidatos a la Presidencia, sé que aquí lo mataron, pero hasta ahí”, comentó.

Una reciente encuesta de la consultora Mitofsky revela que sólo un 36% de los mexicanos de entre 18 y 29 años de edad recuerda quién fue Colosio.

Sin embargo, Felipe Flores todavía ni nacía cuando mataron a Colosio, pero sabe muy bien lo que pasó y sobre la ideología del político sonorense, por eso llegó días antes del aniversario luctuoso a tomarse fotografías junto a la estatua.

“Lo que he estudiado es que era un político bueno, que quería acabar con las ratas de siempre, que tenía ideales”, comentó el joven de 17 años de edad que es simpatizante del PRI.

“Pero porque creo en los ideales de democracia y justicia social, no me dejo llevar por los políticos”, aclaró.

Flores visitó por primera vez la Plaza de la Unidad y la Esperanza acompañado de su padre, don Felipe Flores, quien desde que mataron a Colosio ha visitado ese lugar todos los años. “Como mexicanos que vivimos ese momentos fuimos testigos de oído y de vista, pero hasta ahí, la investigación determinó que fue un asesino solitario… pero la política es muy extensa, a pesar de la investigación nos queda la duda”, mencionó el papá.

Cada año, antes de cumplirse el aniversario de la muerte de Luis Donaldo Colosio, don Rubén Aburto solía atender y hasta contactar a la prensa para hablar en defensa de su hijo Mario Aburto, sentenciado a 45 años de cárcel por el asesinato del candidato presidencial del PRI.

Al cumplirse 20 años del asesinato ocurrido en Lomas Taurinas de Tijuana, don Rubén, casi por entrar a las siete décadas de vida, parece estar cansado y ya no quiere hablar.

“Todos los años es lo mismo, les doy entrevistas, hablo de esas experiencias traumáticas y no pasa nada, mi hijo sigue en la cárcel, juzgado y sentenciado indebidamente”, comentó vía telefónica desde su casa en Long Beach.

Don Rubén Aburto ha vivido en California desde hace tres décadas. Cinco de sus hijos, incluyendo a Mario Aburto, vivían en Tijuana con su esposa María Luisa.

Era una familia dividida que, de acuerdo con el análisis psicológico que se hizo de Mario Aburto, le habría provocado un resentimiento de odio hacia la figura paternal o de autoridad.

Pero don Rubén tampoco quiere hablar de eso y evade la entrevista. “No tengo tiempo”, dice. “Tengo un familiar enfermo”, justifica.

Asegura que desde hace meses no ha tenido comunicación con su hijo, ni telefónica ni por las cartas que solía enviar.

“Ni siquiera sé dónde está, la última vez estaba en una cárcel de Tabasco, no sé dónde lo tiene el Gobierno”, agregó.