Agentes cubanos, sostén de Maduro en las sombras

Adiestrados en control social, su presencia es clave para la estrategia de seguridad interna en Venezuela

Agentes cubanos, sostén de Maduro en las sombras
En las multitudinarias manifestaciones de la oposición también se exige la salida de los cubanos de Venezuela.
Foto: Getty

Caracas – En Venezuela, los asesores militares cubanos son como dioses: nadie los puede ver, pero están en todas partes y su palabra es ley. Su misión: sostener a capa y espada al gobierno chavista. Un gobierno que, con el malestar social y las protestas en la calle, mira con más devoción que nunca a estos “salvadores” isleños.

Cuarteles del Ejército, ministerios de gobierno, dependencias petroleras, oficinas de inteligencia, el mismo Palacio de Miraflores… Son cientos los militares cubanos que actúan entre bambalinas desde que respondieron al llamado de Hugo Chávez, no bien accedió al poder, 14 años atrás, y que Maduro heredó de su mentor como todo lo demás.

¿Son numerosos? ¿Son influyentes? ¿Son peligrosos? Preguntas que estuvieron sin respuesta durante muchos años, pero que ahora, aun con escasos datos disponibles por el hermetismo del tema, nadie duda en responder de manera afirmativa.

“El trabajo de profesionales cubanos se basa en un tratado marco de 2000 que establece la cooperación entre Cuba y Venezuela, y dentro de esas reglas estaba el envío de asesores en distintas ramas. Pero la participación de los militares se fue de control”, dijo a La Nación Adolfo Salgueiro, profesor de derecho internacional y asesor de la opositora Mesa de la Unidad Democrática (MUD).

El tratado bilateral era la expresión de esos trueques tan caros a Chávez, cuando en sus largos discursos soñaba con una América Latina bajo su tutela y sobre la base de intercambios regionales. En el caso cubano, el canje consistía en petróleo por especialistas. Los militares se convirtieron en la cara más oscura de ese contingente de profesionales -maestros, médicos, ingenieros- que intervinieron en los programas sociales que el chavismo montó en las barriadas.

Las denuncias contra la excesiva influencia cubana se acumularon desde entonces, sobre todo después de que el general Antonio Rivero, cercano al comandante, desertó de sus filas y abrió una ventana al submundo de esa hermandad secreta.

“Te voy a sacar porque tú no te alineas a la política”, le dijo Chávez cuando Rivero expresó sus reservas sobre el peso desmedido de los agentes cubanos. Luego de dos cambios de destino digitados por el líder, incluido un comando en la selva, Rivero pidió la baja en 2010 y pasó a la oposición. Desde entonces entra y sale de la cárcel según el humor del día de las autoridades.

Otros testimonios, documentos y especialistas trazaron un cuadro de situación que sitúa a los cubanos en lo alto de comandos militares, guarniciones, bases aéreas, puestos fronterizos, estaciones satelitales e instalaciones petroleras.

Además, entrenan a la milicia bolivariana, y crecen las sospechas y denuncias de que adiestran a los grupos de choque que actúan contra las marchas opositoras, cuya represión en los últimos dos meses dejó más de 30 muertos y 500 heridos.

A su juego los llamaron. Más aún cuando entre las exigencias de los manifestantes opositores está la de terminar con la injerencia cubana en los asuntos de Venezuela.

Es posible que no sean cubanos los matones que lanzan gases, disparan desde azoteas y agitan la cachiporra. Pero sí podría ser que sean ellos los que indican cómo y dónde hacerlo.

Para Carlos Romero, experto en asuntos internacionales, todo el programa bilateral entre Cuba y Venezuela tiene relación con la inteligencia y la seguridad. Y lo expresa con la figura de una pirámide.

Los maestros y médicos deben reportar hacia arriba sobre la situación política y social de los sectores populares. En otro escalón, hay infiltrados en actividades profesionales o camuflados en compañías mixtas cubano-venezolanas. Por fin, en la cima de la pirámide, están los militares que trabajan con los mandos venezolanos y que tienen libre acceso a secretos de Estado.

“Todos ellos forman un conglomerado fundamental para el ojo de Cuba sobre Venezuela”, dijo Romero a La Nación. El objetivo, desde luego, es evitar la desaparición del régimen chavista, el mecenas petrolero que con su dotación de barriles mantiene a flote la economía de la isla.

Si los cubanos están en todas partes, si todo lo ven y todo lo saben, ¿no serán invulnerables?

“Tampoco son unos campeones”, dice Romero. “La muerte de Chávez no la controlaron, Maduro no les ha resultado tan bueno como esperaban, ni esperaban una situación económica tan grave. Y la mitad del país se niega a entrar dentro del aro: expresó en las urnas y en las calles que no quiere un modelo socialista”.