Una vida de película para Diana Vargas

Una vida de película para Diana Vargas
La colombiana Diana Vargas es fundadora y directora artística de varios festivales en NY. incluyendo el Havana Film Festival que comienza el jueves.
Foto: cortesía

El sol acaba de despuntar y ella va por su segundo café, uno llamado ‘Volcán,’ de Juan Valdez, que le traen amigos y familiares cuando vienen de Cali a Queens a visitarla. Son éstas jornadas de poco sueño y se preparará varios más en el curso de la mañana. Es que quedan apenas días para la apertura oficial del Havana Film Festival New York, una fiesta que celebra lo mejor del cine cubano y latinoamericano y que Diana Vargas ha venido montando casi desde su creación hace 15 años.

“Me convocaron al año siguiente de empezar para ser la Directora Artística”, explica. “Me encargo de darle una visión total al festival y decido, por ejemplo, qué ciclos vamos a ofrecer, qué charlas, ¿Serán películas clásicas, el pasado del cine? ¿Películas de hoy, mas de vanguardia?”

Para esta edición en la que el festival está de cumpleaños, Diana, diseñó un suculento programa de 45 películas -24 cubanas- que llevarán al espectador en un recorrido por medio siglo del cine de la isla.

Una colombiana dirigiendo un festival cubano en la Gran Manzana. En cualquier otro lado sería un rompecabezas difícil de armar pero aquí, en Nueva York, donde conviven, se mezclan y amalgaman todas las idiosincrasias latinas, es, simplemente, lo natural. “Tenemos films de toda América Latina; joyitas que voy encontrando en festivales aquí y allá y películas que me envían”, comenta.

Vive en Sunnyside pero pasa buena parte del año ‘festivaleando,’ como dice. “Voy al de La Habana, al de Cartagena, al de Guadalajara y también a ‘Icaro’, el de Guatemala porque me fascina el cine de Centroamérica. A veces, me doy una vuelta por Cannes”.

El cubano, que se realiza cada diciembre, tiene un lugar especial en su corazón; quizas porque hay una fuerte alianza con este de aquí que ella dirige. “Me encanta porque los cubanos tienen una cultura de cine muy fuerte, no es de elite, es popular. Todo el mundo ve cine”. Allí, con su cucurucho de maní o sus ‘rositas’ –como se les dice en Cuba a las palomitas- se instala en el Yaris, frente a la heladeria Copelia, y disfruta no sólo de la película, si no del entorno.

“Son salas de 2,000 personas, repletas y yo me enfoco en ver cómo la gente reacciona. Disfruto sus carcajadas, palpo su llanto. Las películas”, afirma, “se tienen que ver en sala. Así, uno se sale de su propio gusto y cuenta con el criterio de la gente”.

Su madre, Nelly, siempre fue amante del cine y es a ella a quien culpa y agradece por su vocación. “A mamá le encantaban las de aventuras y las de chinos, de patadas y todo eso y cada sábado nos llevaba con mis hermanos al Cine Club a las 12, cuando pagabas menos”.

Diana (48), creció viendo a Fellini y apunta que ‘Roma, ciudad abierta’ de Roberto Rossellini y sobre la resistencia nazi, marcó su destino para siempre.

Estudió comunicación y periodismo y llegó a Nueva York en el 2000. “Era el año en el que supuestamente se acabaría todo y yo me dije ¿Por qué no pasar el apocalipsis con las luces de NY? Nunca más regresó a Cali.

“Me fue saliendo trabajo y muchos amigos me pedían que les echara mano con sus películas; que les redactara la gacetilla de prensa, que les juntara gente y poquito a poco, fui creciendo”.

Diana viene dejando su impronta en varios festivales: el Havana Film Festival, ‘CortoCircuito’ la serie de cortos de cine latinoamericano en NYU que fundó hace más de una década y pronto el ‘Américas Film Festival’ que arrancará justo antes del Mundial de fútbol y que desarrolla con el City College y el National Museum of the American Indian, en Bowling Greene.

En su casa, inundada de DVD’s y libros reflexiona sobre lo hecho y por hacer: “Todo lo hago con una satisfacción enorme. Quizás, sería bueno tener más recursos para traer más cineastas porque el contacto del director con el público es vital en un festival. En este tendremos a más de 17, así que no me puedo quejar”, apunta.

La charla se interrumpe, suena el timbre. Es Fedex. Piensa que son unos zapatos que ordenó para la alfombra roja del jueves pero no, es un libro: ‘El hombre que amaba a los perros’, del cubano Leonardo Padura. “Lo presté y lo perdí y es de esos libros que una tiene que tener en la biblioteca”.