Un negocio sólo de familia

Toda una familia dominicana mete mano en un nuevo restaurante en Hell's Kitchen, una zona en la que los negocios populares tienden a desaparecer

Un negocio sólo de familia
Esta familia dominicana sólo contrata dentro de su propia casa. No reciben aún solicitudes de extraños.
Foto: Joaquín Botero / EDLP

Nueva York- Zoraida Cruz, es buena para hablar y su esposo Toribio Gabriel para cocinar, dos ingredientes de éxito para un negocio de comida. Gabriel fue cocinero más de diez años en el restaurante Papacito y al dejar ese trabajo la mujer empujó a su familia a abrir su negocio en la calle 51 entre las avenidas Novena y Décima. Tomaron sus ahorros, hicieron préstamos y abrieron las puertas hace nueve meses.

Lujosos edificios se construyen alrededor. Hay remodelaciones de negocios y viviendas costosas. La zona de Hell’s Kitchen también conocida como Clinton o Midtown West ha experimentado los últimos veinte años el proceso de gentrificación o encarecimiento que tanto debate ha generado en la ciudad.

La pareja dominicana de San Francisco de Macorís vio una buena oportunidad de atraer a todos los empleados de construcción que trabajan alrededor. Y también a gente que quiera comida caribeña: residentes, trabajadores o gente que va de paso. Un almuerzo especial de seis dólares parece algo de antes del cambio de milenio pero acá se ve. El promedio de los precios ronda los diez dólares, precio en vía de de extinción.

“Al principio atrajimos a clientes que trabajan en la zona. Pero poco a poco a gente que también vive, algunos de hace muchos años, y a otros recién mudados a edificios lujosos, hispanos con trajes elegantes que compran para llevar al final de la tarde”. El reto ahora es atraer y mantener a los clientes de otras nacionalidades. Hay órdenes a domicilio y sobre todo gente que pide y se lo lleva al minuto.

El lugar fue bautizado con el nombre de una de las hijas de la pareja, Zoralíe de 18 años. Los varones Toribio Junior de 23 y Aureli de 22 también ayudan, suben y bajan comida de las despensas y neveras en el sótano, ayudan en la cocina y hacen las entregas. Cristie de 21 cuida su hijo y ayuda los fines de semana. El novio de Zorelíe ayuda los martes. No hay empleados ajenos a la familia.

Lo de negocio familiar se sigue al pie de la letra.

La joven cuyo nombre se ve desde afuera en el aviso, quiere estudiar medicina. Por ahora debe trabajar duro por su familia.