Un Times Square lejos de Manhattan

El barrio Ridgewood cuenta con la fusión cultural y racial de la Gran Manzana, pero sin glamour ni turistas
Un Times Square lejos de Manhattan
La confluencia de las avenidas Myrtle y Wyckoff y la calle Palmeto tienen un gran impacto económico en el vecindario.
Foto: EDLP / Joaquín Botero

NUEVA YORK — El barrio Ridgewood se divide en dos, donde confluyen las avenidas Myrtle y Wyckoff con la calle Palmetto. Al sur estás en Brooklyn, y al norte en Queens. Cuando se e cruzan las líneas L y M, los edificios triangulares de las esquinas asemejan la zona a un Times Square con la fusión cultural y racial de la Gran Manzana, pero sin glamour ni turistas.

Caminando en cualquier dirección, se ve la historia de migraciones, empuje negociante y fervor religioso.

Sobre Wyckoff se venden empanadas ecuatorianos a $2. La paila con aceite siempre está llena. Dos empleadas apenas tienen paciencia para describir la variedad del producto. No cesan de amasar y recibir billetes.

Hacia la esquina, frente la farmacia Duane Reade, el vendedor de seguros colombiano John Liriano ofrece el Medicare. “Me sorprende la gran cantidad de ecuatorianos en el barrio. De los que me compran, diría que treinta por ciento son ecuatorianos, sesenta puertorriqueños y diez afroamericanos”.

Liriano dice que a veces hay personas que se quejan de pagar $65 mensuales por un seguro de salud a bajo costo, pero cargan dos teléfonos inteligentes.

Amaira Claudio y su hija Luz María Hernández, puertorriqueñas, viven en East New York, pero les gusta venir con frecuencia al área para comprar ropa a bajo precio y también pescado y cuchifritos.

Iglesias hacia todas las direcciones dan cuenta de la variedad y la historia de la zona. La católica de Santa Brígida en St. Nicholas y Linden; la luterana de St. Paul en Knickerbocker y Palmetto y la pentecostal rumana en St. Nicholas y Hartman, cerrada y en manos de una inmobiliaria. Pero hay otra pentecostal hispana en el 595 de Knickerbocker.

El padre James Kelly, párroco de Santa Brígida, también es abogado de inmigración y en la parroquia atiende tanto los asuntos espirituales como los migratorios.

La mayoría de sus feligreses para las misas en español son ecuatorianos, seguidos de los dominicanos. “También hay mexicanos y hondureños”, dice. “Los antiguos feligreses son puertorriqueños. A las misas en inglés viene la primera generación de hispanos y otros veteranos alemanes e italianos que no han dejado el área”.

Para el espíritu, la belleza y hasta la muerte hay espacio en Ridgewood. Frente a Santa Brígida está la Funeraria San José y, al lado, abrió hace seis meses el Acqua, lugar de manicuras, depilación y limpiezas faciales: un spa que parece de vecindario rico con empleadas hispanas.

Su dueña, la bogotana Patricia Vásquez, vio un potencial en un área donde ha crecido la gentrificación. “Tengo clientes blancas, polacas, empleadas de los bancos cerca a la estación Myrtle-Wyckoff. Mis precios son bajos porque estoy conquistando la zona y quizás en un futuro tenga que contratar empleadas de otras nacionalidades”.