Natalia Oberti, el ‘ángel’ de las inversoras

Pipeline Fellowship ha formado a más de 80 mujeres de distintas edades y etnias que tienen interés en el aprendizaje en grupo y en el emprendimiento social.
Natalia Oberti, el ‘ángel’ de las inversoras
Natalia Oberti Noguera, tercera desde la izquierda, con algunas de las ángeles que ha formado.
Foto: Suministrada

Nueva York — La mayor parte de las empresas de tecnología, entre ellas las redes sociales que usamos constantemente, contaron en sus inicios con la confianza y el capital de lo que se conoce como un “ángel inversor”. Son personas que ponen su dinero en una aventura empresarial que puede salir adelante y convertirse en el siguiente Facebook o languidecer y desaparecer, como ocurre frecuentemente.

Es una actividad, en cierta medida, similar al mecenazgo y de alto riesgo que cuando sale bien puede ser muy rentable para el inversor que proporciona el capital crucial necesario para que la empresa de el gran salto.

Muchos proyectos empresariales, sobre todo los puestos en marcha por mujeres, minorías o aquellos que tengan un enfoque social y ánimo de lucro, tienen pocos ángeles a los que acudir y contar con un dinero que es vital para comenzar. Y eso es algo que quiere cambiar Natalia Oberti Noguera.

Esta latina, de 30 años, graduada en economía y literatura comparada por la Universidad de Yale, comenzó hace tres años su propia start up. Se trata de Pipeline Fellowship, un programa de formación de inversoras ángeles interesadas en apoyar empresas socialmente responsables.

Su objetivo es doble. Por un lado quiere ampliar la diversidad entre la comunidad de ángeles inversores en EE.UU. (solo el 22% eran mujeres y el 5% minorías en 2012) y por otro, quiere crear más fondos para mujeres emprendedoras y minorías con negocios que tengan un enfoque social y con ánimo de lucro.

“Mi compromiso, es crear más ejemplos y modelos a seguir además de crear oportunidades empresariales para las minorías”, dice esta mujer de ascendencia colombiana e italiana.

Oberti Noguera explica que su experiencia previa con empresarias en una red de mujeres interesadas en el empresariado y la sostenibilidad, fue lo que la inspiró porque vio lo difícil que era para ellas encontrar fondos para sus negocios.

“Mucha gente pensaba que sus proyectos eran inspiradores pero nada más. La percepción que se tiene es que cuando se habla de mujeres y dinero en estas circunstancias siempre se piensa en caridad o filantropía, no en empresa con fines de lucro”, explica esta mujer. “Y queremos dar la vuelta a esas percepciones”. Su lema es: Cambiar la cara de la inversión ángel.

Con esa motivación empezó su primer curso de entrenamiento de ángeles inversoras en abril de 2011, una formación que incluye educación sobre diligencias previas empresariales, evaluación y cartera de proyectos entre otras materias.

No todo el mundo puede ser un ángel

Además a estas inversionistas se les proporciona la asistencia de mentores, es decir, otros ángeles con los que pueden compartir experiencias, y acceso a casos reales. De hecho, las aprendices de ángeles no solo se comprometen a pagar la formación sino también a invertir a final de curso $5,000 cada una en un proyecto. Las clases tienen una media de 10 mujeres por lo que la empresa recibe como mínimo $50,000.

No todo el mundo puede ser un ángel. Esta es una inversión de alto riesgo y entre otras condiciones, el ángel ha de ser un inversionista acreditado. Es algo que supone tener ingresos de más de $200,000 anuales o un millón de dólares en capital. Para ser alumna de Pipeline, además, hay que tener pasión por la filantropía y el cambio social.

Los rendimientos de la inversión, cuando los hay, se pueden demorar entre cinco y siete años. “Pero es fundamental para las empresas”, explica Oberti Noguera, “una inversión ángel crea cuatro empleos como media, una vez que consiguen este capital pueden conectarse mejor con otros inversionistas al crecer su visibilidad”.

De momento, Pipeline Fellowship ha formado a más de 80 mujeres de distintas edades y etnias que tienen interés en el aprendizaje en grupo y en el emprendimiento social.

“Tenemos a mujeres que han trabajado en start ups, abogadas, consultoras, especialistas en bienes raíces y hasta una dentista”, explica Oberti Noguera. Esta diversidad de formación y procedencias es algo que Pipeline busca porque cree firmemente que el trabajo en grupo de personas de distintas procedencias y formación enriquece la experiencia.

Oberti Noguera, una experimentada viajera que debido al trabajo de su padre en la ONU ha residido en varios países de Latinoamérica, está llevando Pipeline por todo el país.

“Vamos allá donde las emprendedoras nos lo pidan para buscar las redes de potenciales ángeles”, explica. Pipeline Fellowship ha estado ya en Nueva York, Boston, la zona de la Bahía de San Francisco “y en primavera lanzamos en Chicago y Washington D.C. En otoño iremos a Atlanta, Seattle, Los Ángeles….”, la lista es amplia.