Un comité para elecciones

El ataque a las instalaciones diplomáticas estadounidenses en Benghazi en 2012 es una de las páginas trágicas en el largo combate al terrorismos islámico. Es lamentable que este hecho que dejó cuatro muertos, incluyendo el embajador Chris Stevens, hoy sea explotado como un instrumento electoral.

Los Republicanos, entre tantas acusaciones alrededor de este hecho, culpan a la Casa Blanca de haber manipulado políticamente el ataque para acomodarlo a sus necesidades electorales, que manejó una narrativa para que no le perjudique al presidente Obama la reelección.

O sea que acusa a la administración de haber hecho lo que la Cámara Baja está haciendo ahora con la designación de un comité especial para, básicamente, investigar todo lo relacionado a Benghazi.

Es evidente que los ocho comités legislativos que ya realizaron audiencias sobre el tema y la Junta de Revisión designada por el Departamento de Estado no ha sido suficiente. Por eso el presidente de la Cámara Baja designó un comité especial de mayoría republicana a cargo del congresista identificado con el Tea Party, Trey Gowdy.

Este legislador ya ha utilizado el tema de Benghazi para recaudar fondos fuera de Washington. La esperanza de los estrategas republicanos es que las audiencias mantengan vivo este hecho hasta la elección de noviembre para que movilice las donaciones y el voto conservador. Además, todo apunta a perjudicar a una posible candidatura presidencial de Hillary Clinton para 2016, quien era Secretaria de Estado durante el ataque.

Benghazi sin lugar a duda fue un golpe para la Casa Blanca que apostaba la reelección en el éxito obtenido contra AlQaeda y específicamente la muerte de Bin Laden. Creemos que hubo un manejo político pero está lejos de ser Watergate, y no fue peor a los manejos de la Casa Blanca bajo Bush-Cheney con respecto al terrorismo.

La autoridad del Congreso para iniciar investigaciones legislativas es una arma poderosa para vigilar al Poder Ejecutivo, pero también —como en este caso— se presta para ser mal usado como un instrumento exclusivo de campaña.