Collares que transforman reclusas

Tatiana Pagés usa desechos plásticos para ayudar a mujeres encarceladas

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Collares que transforman reclusas
Tatiana Pagés (izquierda), en su último viaje a Bogotá, trabajando con varias de las reclusas.
Foto: fotos: cortesia

NUEVA YORK — Tatiana Pagés nació en Chile, pero a los 13 años migró con su familia a República Dominicana, país que la adoptó y del cual ella se siente hija. Fue en la isla donde conoció a su marido, armó una familia y donde, sin querer hacerlo, descubrió lo que quería hacer el resto de su vida: diseñar joyas.

Pero quería ir más allá.

“En el año 2000 conocí la escuela de Altos de Chabón y comencé a tomar clases de estrategia y diseño. Tras cinco años trabajando con personas de muy escasos recursos, me inspiré para empezar a diseñar joyería”, cuenta la CEO de Greencard Creative, compañía ubicada en Nueva York. “Después comencé la búsqueda de nuevos materiales. Ahí decidí empezar a usar desperdicios”.

Fue así como Tatiana comenzó a usar las argollas de plástico que se usan en los paquetes de botellas y las transformó en arte. Específicamente en collares, pulseras y aretes.

Tatiana Pagés estaba feliz con la vida que llevaba pero sentía que algo le faltaba.

“Yo quería hacer algo pero con las reclusas, con las mujeres que están privadas de libertad, porque no hay muchos programas para ellas”. Y sin pensarlo dos veces, creó Origomu, proyecto donde ella enseñaría lo aprendido para que mujeres de bajos ingresos reciban dinero vendiendo accesorios hechos con materiales reciclados.

La intención de Tatiana era desarrollar el proyecto en su país. “Lo presenté en Santo Domingo y no me resultó”, confiesa Pagés. Fue ahí que decidió exportar la idea y el lugar escogido fue Colombia, específicamente el reclusorio de mujeres de Bogotá.

“Yo tenía un proyecto ya en esa ciudad con la Fundación Corona y otra cárcel de mujeres. Por eso conocía la realidad de las cárceles de Bogotá”, cuenta Pagés.

Cada dos o tres meses, Tatiana viaja y se reúne con las reclusas, y en sólo cinco días, ellas les enseña a diseñar, crear y las ayuda a recuperar la confianza en ellas mismas.

“Cuando llego, me recibe un grupo de mujeres que me dicen ‘no voy a poder hacer eso’. Al finalizar el workshop, veo cómo ellas, quienes no tienen ningún tipo de formación en arte ni diseño, viven una transformación interna muy grande”, comenta. “Cuando ven sus creaciones, veo ese brillo en los ojos que revelan lo orgullosas que están de ellas mismas”.

Luego de finalizar el curso en Bogotá, Tatiana regresa a Nueva York, ciudad donde vive desde el 2005 y que según cuenta, le ha abierto muchas puertas. Y esas oportunidades las quiere aprovechar para ayudar a estas ilusionadas mujeres que están en una celda en Bogotá.

Su idea es vender en la Gran Manzana lo que las reclusas diseñaron, y sus contactos juegan un papel importante.

“Las chicas ahora crearon collares y rosarios preciosos. Estos se venderán en la Expoartesanos que se hará durante los primeros días de julio en Medellín y lo que es muy bueno pues el dinero llega a sus manos”, explica Tatiana y agrega, “pero yo quiero que se vendan en Nueva York. Es muy prestigioso para ellas y para su autoestima, y tengo muy buenos amigos que me ayudarán”.

Esa es la forma como Tatiana Pagés le hace seguimiento y sigue en contacto con sus estudiantes. Ella es feliz viendo la transformación del alma de cada una de las mujeres a quienes ayuda.