India: el verdadero viaje espiritual

No necesitas un mat ni saber meditar ni buscar iluminación. Necesitas ver con el corazón.
India: el verdadero viaje espiritual
Vrindavan te ofrece un viaje espiritual en India.
Foto: Shutterstock

No te voy a hablar del tremendo tránsito que se vive en Nueva Delhi con motonetas, autos, camiones atestados de gente y la gran variedad de creencias religiosas que puedes ver todos los días en las calles. Tampoco de la maravillosa arquitectura del Taj-Mahal en Agra o de los hermosos templos politeístas de India. Ni de la tradición musulmana que convive con otras muchas tradiciones espirituales en un país tan grande como sus problemas y sus oportunidades. Nop.

Te voy a hablar de un pueblo sin drenaje, lleno de polvo, vacas, jabalíes, perros y monos callejeros que te roban lo que pueden en dos segundos, pero que te ofrece la oportunidad de realizar un verdadero spiritual journey: Vrindavan. Olvídate del mat, de la postura de flor de loto, de cerrar los ojos y repetir “OOOOOOOOOOMMMMMMMMMMMMM” en espera de que llegue la iluminación. Nah. Nada de eso se parece al viaje espiritual que Vrindavan, en India, te ofrece si te permite entrar. Leíste bien: sólo si su guardián, el señor Gopesvara Mahadev, te lo permite. Pero vamos por partes.

Vrindavan es lo que en la tradición católica se llamaría “Tierra Santa”. Aquí pasó gran parte de su encarnación Krsna, Dios para los hindúes. Puedes encontrar miles de templos dedicados a Krsna y los lugares donde mostró su sabiduría y su divinidad. No hay manera de escapar: en Vrindavan todo es Krsna. El saludo en las calles, la comida, la arquitectura, las ceremonias, los animales. Vrindavan is all about God.

Originalmente el pueblo estaba enclavado en un hermoso bosque, borrado por la mancha urbana de Delhi que se encuentra a sólo un par de horas. Sus habitantes siguen utilizando en lo posible materiales orgánicos en su vida diaria: cocinan con estiércol, fabrican vasos de barro y platos de hojas, confeccionan su ropa y sólo comen prasadam, alimento ofrecido a Dios.

Para un occidental, llegar a Vrindavan puede equivaler a sentirse perdido en el hoyo más sucio y abandonado del Universo. Entonces la tradición dicta que lo primero que se debe hacer es acudir al templo del señor Gopesvara Mahadev, guardián del mundo espiritual, para pedirle humildemente que te permita entrar a Vrindavan, lo que significa que dejarás de usar los ojos que tienes bajo las cejas para ver a Vrindavan desde el corazón y el alma.

Aquí es donde la verdadera experiencia espiritual comienza. Puedes participar en alguna de las misiones dedicadas a levantar basura, limpiar el río Yamuna, cuidar vacas -sagradas en India-, cantarle a Krsna, peregrinar en los lugares sagrados… Hasta que Vrindavan te robe el corazón. O no. La experiencia en Vrindavan es tan personal que te parecerá haber vivido un sueño. O una pesadilla. No podría contarte más, tienes que vivirlo. Hare Krsna!