¿Puede ser una fiesta?

¿Puede ser una fiesta?
Aficionados brasileños posan muy emocioandos frente a la fachada de la Arena Corinthians en Sao Paulo.
Foto: EFE

Ricardo López Juárez

Tras un proceso muy accidentado, con intensas protestas en las calles, con retraso en las obras de infraestructura y hasta tragedia por la muerte de algunos trabajadores en los estadios, Brasil 2014 está aquí.

Es difícil recordar una Copa del Mundo moderna en la que el camino a su apertura haya resultado tan complicado como esta, la segunda en Brasil tras aquel dramático 1950, y la primera en Sudamérica en 36 años.

Y cuando el mundo entero observe hoy una ceremonia inaugural que se espera magnífica, seguida por el partido entre las selecciones de Brasil y Croacia, una pregunta en el aire será, ¿puede el fútbol convertir a Brasil 2014 en una verdadera fiesta de los pueblos? ¿Una celebración del deporte?

El precio pagado hasta ahora por Brasil para organizar el Mundial ha sido muy elevado y, de hecho , hay quienes esperan que las movilizaciones sociales prosigan durante el certamen, algo que sin duda marcaría para siempre a esta Copa del Mundo.

Encima, la selección de casa, marcada como mayor favorita para coronarse el 13 de julio en Maracaná, tiene un enorme peso en sus espaldas; por un lado, Brasil siempre está llamado a pelear por el título, pero ahora, estando en casa, la exigencia de los brasileños es total, y por supuesto esta joven selección amazónica quiere ganar por su pueblo.

Si a lo anterior sumamos el indudable peso de la historia y, concretamente, el ‘Maracanazo’, se puede decir que el gran rival de La Verdeamarela no estará propiamente en la cancha, sino en sus mentes.

Pero Brasil 2014 no es sólo la Copa del Mundo de ese gran país, sino de todos los sudamericanos; seis países de esa región están en la justa y todos con muy buena pinta.

Para ellos y para todo el mundo, hoy empiezan a latir más los corazones. Es tiempo de que ya hable la pelota. Es tiempo de ‘jogo bonito’. Es tiempo de Copa del Mundo.