McAllen, la puerta de entrada de niños migrantes a EEUU

Reporte especial Niños migrantes: Un 'tsunami' de menores indocumentados convierte a esta ciudad en el epicentro de la 'situación humanitaria' que pone a prueba la capacidad de respuesta del gobierno nacional

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McAllen, la puerta de entrada de niños migrantes a EEUU
Unas 500 personas han tenido que pasar la noche en esta ciudad en los últimos días porque los autobuses para llevarlos a su destino final en otras áreas de EEUU, no se dan abasto.
Foto: Especial para La Opinión - Yolanda González

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MCALLEN, Texas.— “No sé dónde está mi pequeño y es muy desesperante no saber nada de él en dos semanas”, dice Brenda Gutiérrez, quien busca a su hijo Christopher Faris Gutiérrez Milla, de 9 años, quien viajó desde Honduras para reunirse con ella en Connecticut.

El menor fue detenido por autoridades migratorias al cruzar por esta frontera, luego de haber sido separado de su tía que lo acompañó gran parte del trayecto. Ahora lo buscan en los centros de detención migratorios o esperan una notificación oficial de su paradero.

El caso de Brenda, es el que viven ahora miles de madres centroamericanas cuyos hijos viajaron solos o en compañía de parientes desde Honduras, Guatemala y El Salvador, están cruzando México siguiendo la famosa ruta de la ‘bestia’, el tren de carga que utilizan como polizontes los migrantes para llegar hasta Reynosa, Tamaulipas, la frontera con Estados Unidos.

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Desde finales de mayo a la fecha, a esta población fronteriza han llegado oleadas de niños no acompañados y madres con hijos, en números tan altos que han provocado una crisis humanitaria que tomó por sorpresa a McAllen, Texas.

McAllen, a cuatro millas de la frontera entre México y Estados Unidos, ha sido identificada como el epicentro de la “crisis humanitaria” generada por la “ola de niños migrantes” que llegan solos a la frontera, problema que ha atraído tanto la atención nacional como internacional.

En los centros de detención de inmigrantes en esta zona se ha rebasado el tope del cupo, obligando al traslado de menores fuera del estado y a liberar a familias con parientes directos en Estados Unidos.

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Por el Valle del Río Grande cruzaron 24,493 menores sin compañía durante el año fiscal 2013 y creció a 47,017 del 1 de octubre a mayo del 2014. Las proyecciones calculan que podría llegarse a 90 mil al cierre del año, según la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza de Estados Unidos (CBP).

“Es como un tsunami de niños migrantes”, describe Martha Sánchez, coordinadora comunitaria de la organización La Unión del Pueblo Entero (LUPE).

El senador estatal Juan “Chuy” Hinojosa, D-McAllen, pidió la semana pasada al gobernador de Texas, Rick Perry que declare un estado de emergencia en esta zona fronteriza. Esa designación permitiría al estado a acceder a $33.7 millones en fondos de emergencia para responder a la situación y reembolsar gastos a los gobiernos locales.

El alcalde de McAllen, Jim Darling, se rehúsa a declarar a esta ciudad en estado de emergencia. Sin embargo el lunes declaró que en la estación de Greyhound los autobuses están llenos.

“Si declaramos un estado de emergencia haremos esa noticia -que estamos declarando un estado de emergencia en McAllen”, algo que dañaría aún más a la ciudad, declaró el alcalde, reconociendo que su gobierno ha invertido $15 mil en una semana para asistir a los inmigrantes.

Unas 500 personas han tenido que pasar la noche en esta ciudad una vez liberadas en los últimos días porque los autobuses para llevarlos a su destino final en otras áreas de Estados Unidos, no se dan abasto.

La ciudad está tratando de abrir refugios para ofrecerles un lugar donde pernoctar y los voluntarios no descansan tratando de proveerles alimentos y ropa a los inmigrantes.

“La llegada de menores es descomunal”, afirma la vicecónsul de Honduras en McAllen, Lilian Gómez, quien intenta localizar a 500 niños hondureños reportados y a diario suma entre 30 y 50 más.

“Son demasiados niños y resulta indignante que arriesguen sus vidas”, añade.

Voluntarios en albergues para familias migrantes señalan conmovidos que han auxiliado a bebés que viajan con menores y niños solos de 3 años de edad que sólo traen una etiqueta prendida en su ropa con un teléfono de contacto.

Día y noche, el flujo de inmigrantes no cesa en esta frontera. La central de autobuses se convirtió en la zona cero. Ahí llegan o salen camiones con niños y mujeres centroamericanos.

“La mayoría viene a reunirse con su familia y para huir de la violencia o la pobreza”, indica la líder comunitaria de la organización Arise, Ramona Casas.

Sin embargo, se han vertido otras razones como la difusión de que se entregarían permisos para permanecer en Estados Unidos si arribaban antes del 30 de junio.

“Esa versión ha apurado a muchos padres a traer a sus hijos”, comenta Casas. “Nunca se había visto aquí lo que estamos viendo ahora”.

Usualmente, las autoridades migratorias separan a menores acompañados por parientes y solo mantienen juntos a niños con sus madres. Fue el caso de Cecilia Carrillos, quien hace 21 días partió de Catacamas, Honduras con su pequeña Lissi Naomi. “Me arriesgué a cruzar el río con mi hija de 4 años para huir de la violencia de mi pareja y por la pobreza”, dice.

La penosa travesía las marcó. “Fui extorsionada, encerrada seis días en un motel por un ‘coyote’ al que se pagó $5 mil, escapé y crucé el río en una balsa con mi hija y fui detenida otros cuatro días en el centro de detención de McAllen, al que llaman ‘la hielera’ por ser extremadamente frío. Ahí, se duerme en el suelo, unos encima de otros, la comida es pésima y sufrimos maltrato”, cuenta.