Y sí che… Dios es argentino

Kempes, Maradona y... Messi, hombres y nombres de la Argentina que se abraza a la gloria

@jairogiraldo10

Tres personas distintas y tres dioses, porque para la mitología porteña sus grandes futbolistas, desde hace casi un siglo, han alcanzado una idolatría a prueba de toda racionalidad.

Guillermo Stábile, Enrique Omar Sivori, “Charro” Moreno, Adolfo Pedernera y Alfredo Di Stefano son infaltables en el álbum de recuerdos y fetiches de cualquier argentino.

Una historia rica en nombres, pero pobre en títulos, aún hasta la década de los setenta, cuando se dio la aparición de César Luis Menotti al frente del proyecto rumbo al Mundial de Argentina que les tendría como sedes.

Punto de inflexión.

Un antes y un después de la fiesta del primer campeonato Mundial logrado por la albiceleste. Fue el campeonato de Mario Alberto Kempes.

El mítico Kempes, goleador y mejor jugador del torneo. Estandarte de un equipo distinto a las selecciones argentinas que llegarían después a la finalísima de la máxima cita.

Una selección que privilegiaba la tenencia de la pelota para dictar los partidos y que tenía en Ardiles, Bertoni, Luque, Ortiz, Houseman y Kempes, a un puñado de artistas comprometidos.

Jugar bien y jugar bonito llegó a ser posible. Menotti y sus discípulos (incluido Maradona en el fracaso de España 82) lo hicieron posible.

Paradógicamente, una selección totalmente antagónica a la doctrina futbolística de 1978 volvió a desatar la fiesta para Argentina en México ’86.

Fue la era de “ganar cómo sea”. La “era de Maradona y diez más”. La “era Bilardo”.

“No le pongás… el ‘cómo sea’… Es ganar o ganar”, decía Bilardo para justificar aquella alineación con seis defensores y dos medios de contención: Ruggeri, Brown, Cuciuffo, Enrique, Clausen, Olarticoechea, Batista, Giusti.

El portero era Nery Pumpido, el punta era Valdano y junto a Diego se movía Burruchaga. Y ahí están los once.

Ellos se bastaron para contener a una Alemania dominante que tenía a Rummenigge, Berthold, Brheme, Briegel y Matthaus, dirigidos por Beckenbauer. Taparon a Maradona con Matthaus, pero Argentina empezó ganando y se puso 2-0. Alemania lo niveló 2-2 hasta que Diego dejó a Burruchaga solo frente a Schumacher y fue 3-2 al final.

Pasaron cuatro años rapidito y como si fuera una revancha pactada, Argentina de Bilardo y Alemania de Beckenbauer estaban frente a frente para jugar la final de Italia ’90.

Fue en el Estadio Olímpicode Roma donde los teutones ajustaron cuentas y con un penal de Andreas Brheme se coronaron campeones mundiales ante una Argentina, idéntica a la de cuatro años antes que había sumado a Claudio Caniggia y Sergio Goycoechea para apoyar a un Maradona rengueante con un tobillo roto, que asimismo se bastó para ilusionar a un país

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