La Loisaida lucha contra la gentrificación

El Lower East Side ha sido hogar de las más diversas comunidades inmigrantes
La Loisaida lucha contra la gentrificación
El 'Nuyorican Poets Café', es uno de los históricos puntos de encuentro de la cultura puertorriqueña en el Lower East Side.
Foto: Gerardo Romo / El Diario

En la famosa película “Érase una vez en América“, Robert De Niro recreaba la tumultuosa vida del Bajo Lado Este de Manhattan a principios del siglo XX, cuando el barrio era un hormiguero humano en el que confluían inmigrantes de todas partes del mundo. Si se hubiera recreado este vecindario 40 años atrás, los protagonistas principales habrían sido puertorriqueños. Hoy, el film sería una producción de alto presupuesto, aún con personajes caribeños, pero con la inconfundible marca de la gentrificación.

Los puertorriqueños llegaron en masa después de la Segunda Guerra Mundial y ocuparon los tenements (inquilinatos) que medio siglo antes habían ocupado italianos y rusos. “En los años setenta se empezaron a beneficiar del programa de viviendas públicas”, dice Carlos Vargas Ramos, investigador del Centro de Estudios Puertorriqueños de CUNY.

Pero en los últimos 10 ó 20 años, agrega el experto, el interés de jóvenes profesionales por la zona llevó el precio de las rentas por las nubes y modificó el rostro del barrio. Donde antes había bodegas o restaurantes latinos hoy hay bares de moda, restaurantes costosos y galerías de arte.

Fue así como parte de la resistencia organizada a comienzos de la década de 1970 por activistas comunitarios boricuas contra la gentrificación que nació la Loisaida, el único nombre de un barrio neoyorquino acuñado por un poeta. El término—spanglishación de Lower East Side—, creado por Bimbo Rivas en 1974, fue adoptado rápidamente por la gente.

Estrictamente hablando, la Loisaida es el área limitada por Houston, la calle 14, la Avenida A y el East River, mientras que el Lower East Side (LES) se extiende más allá, alcanzando Bowery al Oeste y la calle Canal al Sur, siempre recostándose al Este.

Su epicentro es la confluencia de la avenida Delancey y la calle Essex.

Los edificios cooperativos altos se alternan con la vivienda pública. La boricua Daisy Rodríguez, de 57 años de edad, ha vivido toda su vida en la calle Grand. Allí crió a sus dos hijas de 40 y 36, cuida de su madre y de algunos de sus seis nietos.

“Convivo en armonía con mis vecinos judíos, polacos, italianos, otros latinos con dinero. Pero arriba de Delancey hay edificios que han arreglado y cobran el triple de lo que antes”, dice.

Rodríguez sigue mercando en el Fine Fare en la esquina de Grand y Jackson. Y en el famoso Essex Market, abierto en 1940 junto a estación Delancey, que ha tenido una drástica transformación.

El dominicano Luis Rodríguez, de 63 años de edad, es propietario de Luis Meat en el Essex Market. Aunque lleva 17 años con su negocio, llegó al barrio en 1975 donde aprendió el oficio en carnicerías de boricuas. Recuerda que en esa época todavía había mucho judío y puertorriqueño.

“Lo que me permite seguir acá es que no se paga mucha renta porque esto es del estado”, dice Rodríguez, quien añora el pasado. “Había trabajadores como enjambres de abejas que compraban y seguían y cocinaban en sus casas. ¿De dónde salieron tantos negocios con cuadros raros ahí colgados?”.

Igual la calidad y tradición son buen negocio. “Mis antiguos clientes siguen viniendo. Vuelven por el buen servicio y la calidad de la carne, desde Westchester y Nueva Jersey. Confían en mí”.

Debby Stanberg, de 60 años de edad, Villafañe de soltera, nuyorican, ha vivido siempre en el LES. Se jubiló como archivista en la alcaldía.

“Antiguamente te podías mudar cuantas veces querías y los apartamentos eran baratos. Pero este sigue siendo un vecindario fabuloso, un verdadero melting pot.”