“En mi redacción no la quiero”

La periodista Fortuna Calvo-Roth habla sobre el rechazo al que se enfrentó durante sus inicios profesionales en Latinoamérica.
“En mi redacción no la quiero”
Fortuna Calvo-Roth supo que quería ser periodista de guerra desde muy joven.
Foto: Mariela Lombar / ED

A sus 12 años de edad, Fortuna Calvo Roth sabía que quería ser periodista de guerra.

Ella creció durante la Segunda Guerra Mundial, razón por la cual sus padres, de origen judío nacidos en Turquía, emigraron a Francia y luego al Perú, donde ella creció.

En 1952 emigró a Estados Unidos para estudiar periodismo en la Universidad de Missouri. Pero había un gran detalle, en esa época las periodistas mujeres eran casi obsoletas. Como la mayoría de las profesiones, el periodismo era estrictamente desempeñado por hombres.

Una vez de regreso a Perú, fue despedida al tercer día de comenzar su primer trabajo como editora. El director del periódico le dijo que no quería mujeres en su redacción.

Pero esa experiencia no la detuvo. Su incansable perseverancia la llevó a ser corresponsal en NYC y luego la editora en jefe de la revista Visión. Incursionó en la actuación, fue profesora de política en las universidades NYU y Hoftra y fundadora del Canal 2 de Lima.

En 1993 comenzó una compañía de audiolibros en español, Nueva Onda Audiobooks . Además lideró la organización de periodistas Women in Communications. Su valentía y trayectoria la hizo merecedora el mes pasado del reconocimiento Mujer de Distinción, otorgado por la senadora estatal Liz Krueger (D-Manhattan).

¿Cuándo nace su interés por el periodismo?

Yo nací muy poco tiempo antes de la segunda guerra mundial. Recuerdo haber leído los titulares que anunciaban la invasión de Polonia por la Alemania Nazi. Y hasta ahora tengo grabado en mi memoria lo leído en el diario El Comercio de Lima.

La gente venía almorzar a la casa, y lo primero que hacia mi papá era prender la radio para escuchar noticias. Durante todo el almuerzo se conversaba sobre la guerra. Estaba yo en ese ambiente y dije en algún momento que eso era lo que quería hacer. Me acuerdo que cuando culminó la guerra mi hermana y yo nos preguntamos ‘y ahora que van a poner en las noticias’.

Desde el principio sufrió el rechazo por ser mujer, ¿qué la motivó a seguir?

Cuando yo tenía 5 años, ser zurda era un gran defecto, la profesora le pidió a mis padres que me hicieran escribir con la derecha. Yo dije que si me iban a obligar a escribir con la derecha mejor no escribía.

Estuve siempre acostumbrada a luchar por cualquier cosa. No sé de donde saqué fortaleza. Sobre el despido, el señor Beltrán, a quien todos le decían Don Pedro, me dijo ‘si quiere usted puede de ir a sociales pero en mi redacción no la quiero’, y no me quedé. Dos años más tarde lo entrevisté, cuando era ministro, y le dije, ‘señor gracias por darme la oportunidad, si no hubiese sido por usted seguiría en Lima’. Lo llegué a ver muchas veces. Después hasta me invitaba a su casa.

¿Cuál es su reportaje más memorable?

Uno de los reportajes más importantes que he hecho fue en República Dominicana, sobre la guerra civil de 1965. Allí también tuve problemas porque aunque tenía mis credenciales del Departamento de Estado, el comandante dijo ‘no, no, yo no llevo mujeres a zonas de guerra‘, hasta que lo pude convencer.

No había transporte, la Marina norteamericana era la que llevaba a los periodistas en sus aviones. Fue una gran experiencia estar ahí cubriendo un conflicto armando con periodistas del New York Times, del Herald Tribune, del Cristian Science Monitor.

¿Qué opina del avance que han logrado las mujeres?

Las mujeres han avanzado, pero falta camino por recorrer. Espero que llegue la hora cuando no haya que resaltar el género. Ahora aunque somos mayoría [mujeres] en el mundo, somos minorías en el derecho internacional, y espero el día en que eso cambie