La farsa de Perry

Los efectivos de la Guardia Nacional de Texas serán desplegados en la frontera de acuerdo a la orden del gobernador Rick Perry. No está clara cual será la función de esta tropa, más allá de ser parte de una estrategia en la ambición presidencial de 2016.

Según Perry las tropas servirán para proteger a los “ciudadanos que están bajo ataque” por la paulatina llegada de miles de niños a la frontera que huyen de la violencia de Centroamérica.

También hay varios políticos republicanos de Texas que respaldan a su gobernador, asegurando que todo tipo de mafia y delincuente está aprovechando para entrar a Estados Unidos ya que la Patrulla Fronteriza está distraida con los niños.

Como ficción apocalíptica suena bien, pero nada más alejado de la realidad. El general John Nichols a cargo de la Guardia Nacional dijo que su misión no es detener gente sino “referir” los inmigrantes. “Pensamos que van a venir y decirnos ‘por favor llévenos a un estación de la Patrulla Fronteriza'”, dijo Nichols a AP.

Todo esto es una farsa. No hay ninguna prueba que la frontera hoy sea mas peligrosa, sin embargo la crisis le permite a Perry reforzar su imagen de duro en la cuestión migratoria, la cual fue su debilidad durante la pasada primaria republicana presidencial.

Desde que comenzó la crisis de los niños Perry ha querido aprovecharla. Primero quiso llevar al Presidente Obama a la frontera para obtener buenas imágenes para su campaña. Ahora demostró que en cuestión de seguridad fronteriza no le tiembla la mano para enviar tropas…ante la llegada de niños.

La actitud de Perry da vergüenza. Su explotación de la crisis, junto al coro republicano que lo respalda, es una apuesta al miedo, a la confusión y a la ignorancia para sacar un rédito político.

Esta era una oportunidad para que el gobernador de Texas muestre liderazgo ante la llegada de los menores, y su capacidad de sortear con madurez desafíos de este tipo. Esa podría haber sido una carta atractiva para la Casa Blanca. Sin embargo, optó por la peor reacción posible, la de un político ambicioso capaz de explotar la tragedia de los niños y militarizar la frontera para congratularse con el sector más retrógrado de inmigración