Sigue en caída libre la industria automotriz en Venezuela

La producción en 2014 en ese país ha caído un 83%, con sólo 7,000 vehículos ensamblados.

Sigue en caída libre la industria automotriz en Venezuela
Las fábricas automotrices en Venezuela carecen de materia prima suficiente.
Foto: Archivo / La Opinión

Venezuela está en camino de una cubanización, y la industria automotriz es una de las más afectadas.

Como ejemplo, la planta de ensamblaje de Jeep en la ciudad venezolana de Valencia, aunque la maquinaria permanece, está vacía. Y últimamente a la mitad de la jornada de trabajo, los trabajadores son enviados a sus casas, después de que las materias primas se agotan. Algo que ya pasa a diario.

La fábrica, que una vez empleó a más de 1,000 trabajadores, hizo su último auto hace cinco meses. Ahora las líneas de montaje de la planta, ubicada en el corazón industrial del país, rico en petróleo, están casi paralizadas.

La crisis económica de Venezuela amenaza con paralizar lo que una vez fue la tercera mayor industria automotriz de América del Sur, con el estancamiento de la producción de petróleo y un sistema de control de divisas mal gestionado que obstaculizan el acceso de las empresas privadas a las monedas extranjeras y la capacidad para importar los suministros.

Al igual que Chrysler, filial de la italiana Fiat, las plantas pertenecientes a Ford, General Motors, Toyota, Iveco, Mack y Mitsubishi están operando a la mínima capacidad.

La producción en 2014 ha caído un 83%, con sólo 7,000 vehículos construidos, en comparación con unos 43,000 del mismo período del año pasado.

Sólo 876 vehículos fueron producidos en julio, una caída de 87% respecto al mismo mes de 2013, según la Cámara Automotriz de Venezuela.

La industria automotriz dice que le deben $1.9 billones en las liquidaciones por parte del gobierno del presidente Nicolás Maduro.

Mientras que los funcionarios han negado problemas de divisas, en el mercado negro de dólares se venden a 70 bolívares, más de 10 veces la tasa de gobierno más bajo de 6.3.

Al final del año pasado, el gobierno acusó a General Motors de vender piezas de repuesto a precios inflados y multó a la compañía.

En febrero, cuando Toyota expresó la intención de cerrar su planta de Venezuela, Maduro acusó a la automotriz de librar una guerra económica contra él.

Maduro, quien sucedió al dirigente Hugo Chávez después de su muerte en 2013, había dicho previamente que los fabricantes de automóviles son los culpables de la crisis. La crisis se ha traducido en salarios reducidos que golpean los bolsillos de los trabajadores.

Según la Cámara Automotriz de Venezuela, en toda la industria de la automoción 1,500 puestos de trabajo están en riesgo. Y no se ve una solución al respecto. Decenas de directivos han aceptado ofertas para abandonar sus puestos y eludir las nuevas y estrictas leyes laborales.

Pero no se avecina un futuro alentador: en el que fue uno de los países más ricos del continente, se va apagando la luz y se quedará sin su otrora y próspera industria automotriz.