Contralor denuncia mala gestión de la Ciudad en la poda de árboles

Queens es el único condado que aprueba la materia
Contralor denuncia mala gestión de la Ciudad en la poda de árboles
La poda de árboles se hace de manera inadecuada según el contralor.
Foto: Morguefile

La mala gestión del programa de poda de árboles de la ciudad de Nueva York está poniendo en riesgo la integridad física de los neoyorquinos, según una auditoría del contralor Scott Stringer.

El Departamento de Parques y Recreación tiene la responsabilidad de mantener los aproximadamente 650,000 árboles que se extienden por las calles neoyorquinas, pero esta tarea no se está realizando de manera adecuada en los condados de Manhattan, El Bronx, Brooklyn y Staten Island, con lo que aumentan las probabilidades de que haya heridos o daños materiales por la caída de troncos, de acuerdo a Stringer. Sólo en Queens se está llevando a cabo una buena gestión de la poda.

“No me estoy columpiando cuando digo que la gestión del Departamento de Parques ha sido inaceptable”, declaró el contralor. “Los auditores hallaron que en las oficinas de El Bronx, Staten Island, Manhattan y Brooklyn estaban pagando a contratistas por podar los árboles que no debían, por trabajos de poda que luego nunca realizaron y tampoco tenían listas convenientemente actualizadas sobre el mantenimiento de los árboles. Los contribuyentes se merecen una mejor gestión de sus calles”.

Los contratistas privados que plantan los árboles en las calles son responsables de mantenerlos por dos años. Después la responsabilidad recae en el Departamento de Parques, excepto aquellos que superan las cinco pulgadas de diámetro, que son mantenidos también por contratistas elegidos por el departamento.

Basándose en la revisión de las operaciones llevadas a cabo entre julio de 2012 y noviembre de 2013, la auditoría de Stringer halló varias deficiencias en las oficinas de los cuatro condados mencionados. Las de Manhattan y Staten Island no dieron listas específicas a los contratistas sobre los árboles que requerían mantenimiento y no tenían registros de inspección sobre el trabajo de los contratistas. Y las listas de las de Brooklyn y El Bronx incluían árboles de un diámetro menor a las cinco pulgadas, por lo que su mantenimiento no debía corresponder a los contratistas privados.