El caso de Héctor

El caso de Héctor
Héctor Castillo de 16 años (centro), junto a sus padres Merrianne y Héctor.
Foto: suministrada.

A pesar de lo que muchos creen, en la mayoría de los casos, los niños que padecen cáncer no poseen ningún antecedente hereditario de esta enfermedad que los predispongan a desarrollarla.

Además, al tratarse de un “error genético”, que altera las células de forma imprevista, el cáncer infantil no se puede prevenir o predecir.

Ese fue el caso de Héctor Castillo cuando le descubrieron un tumor en el pie a los 15 años.

“Mi hijo tenía ‘una bola’ en el talón derecho. Estaba muy grande e inflamado, y debido al intenso dolor, casi no podía caminar”, recuerda Merrianne Castillo.

“Los médicos no sabían la causa de por qué estaba sufriendo eso. Aparentemente lo tenía por varios años y nunca supimos hasta que comenzó a tener mucho dolor”, dice Castillo.

Al principio, su pediatra pensó que se trataba de un espolón calcáneo (un crecimiento óseo que aparece en el talón), pero exámenes más especializados y rayos X, descubrieron posteriormente que se trataba de cáncer en el hueso.

Si bien el niño fue tratado con quimioterapia por varios meses, y existía la opción de recibir radiación, los doctores optaron por amputarle la pierna porque había un 55% de posibilidades de que el cáncer regresara de forma más agresiva.

“Cuando lo diagnosticaron, el cáncer ya era avanzado y estaba a punto de esparcirse por su pierna, por eso se la cortaron de la rodilla hacia abajo. Esto es una de las cosas más fuertes por la que uno como padre puede pasar”, añade Castillo.

Hoy, con 16 años, Héctor se encuentra ya recuperado del cáncer y, a pesar que usa una prótesis para caminar, lleva una vida normal como cualquier otro joven que cursa el décimo grado de escuela secundaria